COMENTARIO
El tercero de los pueblos situados al oriente de la tierra de Israel y Judá al que Jeremías dirige sus oráculos es Edom, al sur de Moab. Los idumeos eran descendiente de Esaú, hermano de Jacob (cfr Gn 25,19-28,9; 32,4-33,17; Dt 23,8) y, por tanto, de la misma familia que los israelitas. No obstante, estuvieron siempre enfrentados: en el libro del Génesis, Esaú (Gn 25,30; cfr Jr 49,10) es el hermano gemelo que desde el seno materno está en constante lucha con Jacob (Israel) (Gn 25,23-26). Pero como vendió su primogenitura a Jacob, los israelitas reclamaban su superioridad sobre los idumeos. Según Ab 12, Edom se regocijó con la destrucción de Jerusalén. Tanto Isaías (Is 34,1-17) como Ezequiel (Ez 25,12-14; 35,1-15) tienen también oráculos contra los edomitas. Sin embargo, los que guardan un mayor parecido con los de Jeremías son los que figuran en el libro de Abdías (cfr notas a Ab 1-14).
Los oráculos anuncian la destrucción de Edom. De nada les servirá su reconocida sabiduría, que era célebre en la región de Temán al sur del país (cfr Jb 2,11; 15,18; Ab 8; Ba 3,22). Los dedanitas, un pueblo al sudeste de Edom, tendrán que huir por la destrucción que se cierne sobre sus vecinos (v. 8). El Señor castigará a los idumeos con Bosrá, su capital, a la cabeza, porque se han dejado llevar por el orgullo (v. 16). Edom será destruido, con una aniquilación total, como la de Sodoma y Gomorra (v. 18; cfr Gn 19,1-28). El águila (v. 22) representa a Nabucodonosor, como se deduce de la magnífica alegoría conservada en Ezequiel (cfr Ez 17,3-6).