COMENTARIO

 Hch 7,54-60 

El relato de Lucas, con el paralelismo entre la muerte de Jesús y la de Esteban (cfr nota a 6,8-15), señala una novedad: mientras que Jesús se dirige a Dios Padre (Lc 23,46), Esteban eleva las mismas plegarias al Señor Jesús (v. 59), confesando de esa manera lo que ve (cfr vv. 55-56): la divinidad de Cristo. «Los que sufren por Cristo gozan de la gloria de toda la Trinidad. Esteban vio al Padre y a Jesús situado a su derecha, porque Jesús se aparece sólo a los suyos, como a los Apóstoles después de la Resurrección. Mientras el campeón de la fe permanecía sin ayuda en medio de los furiosos asesinos del Señor, llegado el momento de coronar al primer mártir, vio al Señor, que sostenía una corona en la mano derecha, como si le animara a vencer la muerte y para indicarle que Él asiste interiormente a los que van a morir por su causa. Revela por lo tanto lo que ve, es decir, los Cielos abiertos, cerrados a Adán y vueltos a abrir solamente a Cristo en el Jordán, pero abiertos también después de la Cruz a todos los que conllevan el dolor de Cristo, y en primer lugar a este hombre. Observad que Esteban revela el motivo de la iluminación de su rostro, pues estaba a punto de contemplar esta visión maravillosa. Por eso se mudó en la apariencia de un ángel, a fin de que su testimonio fuera más fidedigno» (S. Efrén, Catena armenia super Acta, ad loc.).

Al final (v. 58), San Lucas introduce al joven Saulo, quizás para sugerir que la caridad de Esteban, manifestada en el perdón que solicita para sus perseguidores, se hizo pronto eficaz. Así lo apunta más de un predicador cristiano: «Esteban, para merecer la corona que significa su nombre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el prójimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapidaban, para que no fueran castigados. Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando. Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, reina con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, martirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban. (…) La caridad es la fuente y el origen de todos los bienes, egregia protección, camino que conduce al cielo» (S. Fulgencio de Ruspe, Sermones 3,5-6).

Volver a Hch 7,54-60