COMENTARIO

 2 Co 7,2-16 

Pablo quiere recuperar plenamente la confianza y el cariño de los corintios. Enlaza con lo que había comenzado a decirles en el cap. 2 y que había interrumpido por su larga defensa ante algunas acusaciones vertidas sobre él. Aclara el fin que había pretendido con su carta: moverles al arrepentimiento, que quedaría patente ante Dios, al manifestar su cariño hacia él. Es un ejemplo de cómo buscar siempre, cuando se corrige, el bien de la persona corregida. «Debemos corregir por amor; no con deseo de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda. Si así lo hacemos, cumpliremos muy bien el precepto: si tu hermano peca contra ti, ve y corrígele a solas tú con él (Mt 18,15)» (S. Agustín, Sermones 82,4).

En confidencia sincera, San Pablo manifiesta su alegría por las buenas noticias traídas por Tito (v. 6; cfr nota a 2,12s.). En efecto, los fieles de Corinto habían acogido con respeto a este colaborador (v. 15), y habían reaccionado muy positivamente (vv. 7.9.11) a la carta anterior, «la carta de las lágrimas» (cfr 2,3s.).

«Tristeza según Dios» (v. 10). Es el dolor del alma que llora el pecado con la esperanza del perdón: «La tristeza que causa un arrepentimiento saludable es propia del hombre obediente, afable, humilde, dulce, suave y paciente, en cuanto que deriva del amor de Dios (…). La tristeza diabólica es diametralmente opuesta. Es áspera, impaciente, dura, llena de amargor y disgusto, y le caracteriza también una especie de penosa desesperación» (Juan Casiano, De institutis coenobiorum 9,11).

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