COMENTARIO
El Apóstol no aborda directamente el problema de la esclavitud (cfr Col 3,22-4,1), lo que no significa que esté de acuerdo con esa práctica (cfr notas a Flm 21 y Ef 6,5-9). Se calcula que en aquel tiempo la mitad de la población de Éfeso serían esclavos. Es de suponer que entre los cristianos de la ciudad habría un buen número de ellos. Para muchos paganos el testimonio de sus esclavos era el modo directo de conocer el cristianismo: por eso, su conducta debía reflejar la fe y la doctrina que habían recibido (v. 1). Si los amos eran cristianos, el trato fraterno hacia los esclavos podía proporcionar un nuevo sentido a su trabajo (v. 2).
En el decurso de la historia, el espíritu cristiano ha reclamado y reclama la abolición de cualquier forma de esclavitud porque «el fermento del Evangelio ha suscitado y suscita en el corazón del hombre una irrefrenable exigencia de dignidad» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 26).