COMENTARIO
La riqueza cristológica de esos versículos es muy grande. Combinando citas del Antiguo Testamento, la carta enseña que Jesucristo es el Mesías Rey y el Hijo de Dios por naturaleza, no por adopción (v. 5); a Él los ángeles le deben adorar, por ser éstos de naturaleza inferior (vv. 6-7), ya que a Él le corresponden las prerrogativas del Rey Mesías, el Ungido (vv. 8-9), y ya que por Él fue creado el mundo (vv. 10-12). Los ángeles, en cambio, tienen la función de servir y adorar a Dios (vv. 7-8.14). Por eso Santo Tomás, comentando el v. 7 dice: «Son llama de fuego en cuanto son ministros porque el fuego entre todos los elementos es el más activo y el más eficaz» (Super Hebraeos, ad loc.). Y Orígenes, por su parte, escribe: «Decimos que [los ángeles] suben para llevar las oraciones de los hombres a los lugares más puros del mundo, que son los celestes. (…) Y de allí bajan, a su vez, para traer a cada uno, según lo que merece, alguno de los beneficios que Dios les manda llevar. (…) A estos, pues, según su oficio, hemos aprendido a llamarlos ángeles o mensajeros» (Contra Celsum 5,4).
Los vv. 8-12 constituyen uno de los textos importantes del Nuevo Testamento sobre la divinidad de Jesucristo (cfr también Jn 1,1; 20,28; Rm 9,5; Tt 2,13; 2 P 1,1). Se consideran las palabras de Sal 45,7-8 como palabras de Dios Padre dirigidas al Hijo. De esta forma se le está llamando expresamente a Jesucristo «Dios», nombre que en el Nuevo Testamento normalmente se reserva para la Persona del Padre. Asimismo, en los vv. 10-12 se le aplican a Cristo las palabras de Sal 102,26-28 que originalmente estaban dirigidas a Dios creador. Algo análogo sucede en el v. 6 en relación al texto griego de Dt 32,43.
La infinita superioridad de Cristo sobre los ángeles se funda en el misterio de su ser Dios y hombre. Los ángeles son seres espirituales creados, con una misión subordinada en el plan de salvación. En cambio, «Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen (…) porque fueron creados por y para Él (cfr Col 1,16). Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación (cfr Hb 1,14)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 331; cfr notas a Mc 1,13 y Hch 5,17-33).