COMENTARIO

 Hb 10,19-39 

Los cristianos debemos confiar en la eficacia del sacrificio de Cristo (vv. 19-21). Al decir que la carne de Cristo es «velo» (v. 20) no sólo se recuerda el velo del Templo que separaba el «Santo de los Santos» del resto del Santuario, sino que se afirma que la Humanidad de Cristo es al mismo tiempo «camino» porque revela su divinidad, y es «velo» porque la oculta. La unión con el sacerdocio de Cristo se realiza por la fe, la esperanza y la caridad (vv. 19-24), manifestada externamente con el buen ejemplo y el culto público (v. 25). Por eso debemos mantener la fe que hemos recibido y profesado en el Bautismo y la pureza que en él se nos ha dado (vv. 26-31). La carta advierte sobre el peligro y gravedad de la apostasía, que equivale a un ultraje hecho contra el Espíritu Santo (cfr nota a 6,4-12 y Mt 12,22-37). De ahí que, con el v. 31 se concluye todo un pasaje que quiere inspirar horror al pecado grave deliberado y exhortar al santo temor de Dios: «“Timor Domini sanctus”. —Santo es el temor de Dios. —Temor que es veneración del hijo para su Padre, nunca temor servil, porque tu Padre-Dios no es un tirano» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 435).

Frente a las persecuciones (vv. 32-34) el autor sagrado renueva su exhortación a la perseverancia (vv. 35-39). Insta a los destinatarios a que vuelvan con el pensamiento y la meditación a los comienzos de su vocación cristiana, cuando fueron «iluminados» (v. 32), es decir, cuando recibieron el Bautismo. Deben actuar como los que compiten y luchan en público sin temor a ser motivo de espectáculo (cfr 1 Co 4,9), sin perder la «confianza» (v. 35; cfr 3,6; 4,16; 10,19). Esta palabra corresponde a un vocablo griego (parrhesía) que indica la libertad y franqueza confiada con que una persona habla con un buen amigo y con Dios. La exhortación a perseverar se apoya en dos citas de la Sagrada Escritura. La primera, según el texto griego de Is 26,20, recuerda que Dios juzgará a los impíos dentro de poco tiempo. La segunda, de Ha 2,4, citada también en otras cartas paulinas (cfr Rm 1,17; Ga 3,11), anuncia la llegada de la liberación del pueblo de Israel. El antiguo vaticinio se ha cumplido en Cristo, que es «el que va a venir» (v. 37), es decir, el que ha de venir por segunda vez. Así pues, el cristiano debe perseverar con entereza en esta espera gozosa con «paciencia» (v. 36; cfr 12,1-13) y «fe» (v. 39; cfr 11,1-40).

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