LXX / Vulgata 77
La historia del pueblo reafirma la confianza en Dios y en la monarquía davídica
1Masquil. De Asaf.
Atiende a mi Ley, pueblo mío,
inclina el oído a los dichos de mi boca.
2Abriré mi boca con parábolas,
proferiré los misterios de antaño.
3Cuanto oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
4no lo ocultaremos a sus hijos;
sino que contaremos a la generación venidera
las alabanzas del Señor, su poder,
y las maravillas que ha obrado.
5Él estableció un precepto a Jacob,
dio una ley a Israel:
la que ordenó a nuestros padres,
para que también la enseñaran a sus hijos,
6para que la supieran las generaciones futuras,
los hijos que habían de nacer,
y la mantengan,
y la anuncien a sus hijos.
7A fin de que pongan en Dios su esperanza,
y no olviden las obras de Dios,
sino que observen sus mandamientos.
8Y no sean, como sus padres,
una generación rebelde y contumaz,
una generación de corazón voluble,
de espíritu infiel a Dios.
9Los hijos de Efraím, diestros en el arco,
volvieron la espalda el día del combate.
10No guardaron la alianza de Dios,
y rehusaron caminar según su Ley.
11Se olvidaron de sus hazañas
y de las maravillas que les había mostrado.
12Ante sus padres había hecho portentos,
en la tierra de Egipto,
en los campos de Soán.
13Hendió el mar para hacerles pasar,
sujetó las aguas como un dique;
14de día los guiaba con la nube,
y de noche con el resplandor del fuego.
15Hendió la roca en el desierto
para darles de beber a raudales.
16Hizo brotar arroyos de la peña,
y descender las aguas como torrentes.
17Pero ellos persistieron en pecar contra Él,
y en rebelarse contra el Altísimo en la estepa.
18Tentaron a Dios en sus corazones
reclamando comida según su avidez.
19Murmuraron contra Dios diciendo:
«¿Es que será Dios capaz de aderezar
una mesa en el desierto?».
20En verdad, hirió la roca,
y brotaron las aguas,
y se desbordaron los torrentes.
«¿Será también capaz de darnos pan,
y de procurar carne a su pueblo?».
21Al oírlo, el Señor se irritó;
se encendió un fuego contra Jacob,
la ira subió contra Israel,
22porque no habían creído en Dios
ni confiado en su salvación.
23Entonces dio órdenes a las nubes de lo alto,
y abrió las compuertas de los cielos;
24hizo que les lloviese maná para comer,
y les dio trigo del cielo:
25pan de ángeles comió el hombre,
les envió alimento hasta saciarse.
26Levantó en los cielos el viento de oriente,
y excitó con fuerza el austro.
27Hizo llover sobre ellos carne, como polvo,
aves que vuelan, como arenas del mar.
28Las dejó caer en medio del campamento,
en derredor de sus tiendas.
29Comieron y se hartaron,
y así colmó su apetito.
30Pero nada más saciado su apetito,
cuando aún tenían la comida en sus bocas,
31la ira de Dios subió contra ellos,
y dio muerte a los más robustos,
abatió a los jóvenes de Israel.
32Con todo esto volvieron a pecar,
y no creyeron en sus prodigios.
33Por eso disipó sus días como un soplo,
y sus años como una exhalación.
34Cuando los hacía perecer, lo buscaban,
se convertían e iban a Dios de madrugada.
35Se acordaban de que Dios es su Roca,
el Dios Altísimo, su Redentor.
36Le halagaban con la boca,
pero le mentían con la lengua.
37Su corazón no era sincero con Él,
ni se mantenían fieles a su alianza.
38En cambio, Él, que es compasivo,
perdonaba su culpa y no los destruía.
Una y otra vez retiraba su ira,
sin encender todo su furor,
39recordando que ellos eran carne,
un soplo fugaz, que no retorna.
40¡Cuántas veces se le rebelaron en el desierto,
y le entristecieron en la estepa!
41Muchas veces volvieron a tentar a Dios,
a irritar al Santo de Israel.
42No se acordaban de su mano,
del día que los libró de la opresión,
43cuando realizó sus prodigios en Egipto,
sus portentos en los campos de Tanis.
44Cuando convirtió en sangre sus canales y arroyos,
para que no pudieran beber,
45y les envió tábanos que los devoraban,
y ranas que los devastaban.
46Cuando dio su cosecha a la oruga,
y el fruto de sus fatigas a la langosta;
47arruinó sus viñas con el granizo,
y sus sicómoros con la escarcha;
48y entregó sus ganados al pedrisco
y sus rebaños a los rayos.
49Lanzó contra ellos el ardor de su ira,
la indignación, el furor y la angustia,
tropel de mensajeros de desgracias.
50Dio libre curso a su ira,
no preservó de la muerte sus almas,
sino que entregó sus vidas a la peste;
51e hirió a todos los primogénitos en Egipto,
las primicias de su vigor en las tiendas de Cam.
52Pero sacó como ovejas a su pueblo,
como un rebaño lo guió por el desierto.
53Los condujo con seguridad y sin temor,
mientras el mar anegaba a sus enemigos.
54Los hizo entrar en confines sagrados,
en este monte que adquirió su diestra.
55Expulsó ante ellos a naciones;
les asignó a suertes su heredad,
hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel.
56Pero tentaron y se rebelaron contra el Dios Altísimo,
y no guardaron su precepto.
57Se apartaron y prevaricaron como sus padres,
y se revolvieron como un arco falso.
58Le provocaron a ira en los lugares altos,
y le dieron celos con sus ídolos.
59Al oírlo Dios, se indignó,
y repudió severamente a Israel.
60Abandonó la morada de Siló,
la tienda en que había morado entre los hombres.
61Entregó al cautiverio a sus nobles,
y su gloria a manos del adversario.
62Redujo a su pueblo a espada,
se indignó contra su heredad.
63El fuego devoró a sus jóvenes,
y sus doncellas no tuvieron cantos nupciales.
64Sus sacerdotes cayeron a espada,
y sus viudas no guardaron luto.
65Pero el Señor se despertó, como un durmiente,
como un guerrero vencido por el vino,
66e hirió a sus adversarios en la espalda,
entregándolos a un oprobio perpetuo.
67Repudió la tienda de José,
no eligió a la tribu de Efraím;
68sino que eligió a la tribu de Judá,
el monte Sión que Él ama.
69Edificó su Santuario alto como el cielo,
lo cimentó para siempre, como la tierra.
70Eligió a David, su siervo,
lo sacó de los apriscos del rebaño.
71De andar tras las ovejas lo tomó
para pastorear a Jacob, su pueblo,
y a Israel, su heredad.
72Y él los pastoreó con corazón íntegro,
y los condujo con la destreza de su mano.