A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado; que no triunfen de mí mis enemigos, pues los que esperan en ti no quedan defraudados.
Ad te levávi ánimam meam, Deus meus, in te confído, non erubéscam. Neque irrídeant me inimíci mei, étenim univérsi qui te exspéctant non confundéntur.
[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C]
Oremos:
Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C] [Lect: A B C ]
El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna del Reino de Dios
Lectura del libro del profeta Isaías 2, 1-5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor ». Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 121
Vamos alegres a la casa del Señor.
In domum Dómini lætántes íbimus.
¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: "Vayamos a la casa del Señor"! Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas.
Vamos alegres a la casa del Señor.
In domum Dómini lætántes íbimus.
A ti, Jerusalén suben las tribus, las tribus del Señor según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
Vamos alegres a la casa del Señor.
In domum Dómini lætántes íbimus.
Digan de todo corazón: "Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman, que haya paz dentro de tus murallas y que reine la paz en cada casa".
Vamos alegres a la casa del Señor.
In domum Dómini lætántes íbimus.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: "La paz esté contigo". Y por la casa del Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes.
Vamos alegres a la casa del Señor.
In domun Dómini lætántes íbimus.
Segunda Lectura
Ya está cerca a nuestra salvación
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 11-14
Hermanos:
Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.
Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo y que el cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam, et salutáre tuum da nobis.
Aleluya.
Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24,37-44
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor.
[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C]
Acepta, Señor, este pan y este vino escogidos de entre los bienes que hemos recibido de ti, y concédenos que esta Eucaristía, que nos permites celebrar ahora en nuestra vida mortal, sea para nosotros prenda de salvación eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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La doble expectación de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto.
Dóminus dabit benignitátem, et terra nostra dabit fructum suum.
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Oremos:
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos sacramentos con los que tú nos enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ellos nuestro corazón.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.