Miércoles 4ª Tiempo ordinario Año impar (Id=119)

Primera Lectura

El Señor corrige a los que ama

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 4-7.11-15

Hermanos:

Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado. Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos». Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele, pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará. Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor. Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 102, 1.2.13-14.17-18a

La misericordia del Señor dura siempre
Misericórdia Dómini ab ætérno super timéntes eum.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
La misericordia del Señor dura siempre
Misericórdia Dómini ab ætérno super timéntes eum.

Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por quienes lo respetan; él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo.
La misericordia del Señor dura siempre
Misericórdia Dómini ab ætérno super timéntes eum.

En cambio, el amor del Señor por quienes lo respetan dura eternamente, y su salvación alcanza a hijos y nietos, a todos lo que guardan su alianza.
La misericordia del Señor dura siempre
Misericórdia Dómini ab ætérno super timéntes eum.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Oves meæ vocem meam áudiunt, dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.
Aleluya.

Evangelio

Todos honran a un profeta, menos los de su tierra

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

–¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?

Y desconfiaban de él. Jesús les decía:

–No desprecian a un profeta más que en su tierra. entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C]