Jueves 4ª Tiempo ordinario Año impar (Id=121)

Primera Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18-19. 21-24

Hermanos: Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. Y tan terrible era el espectáculo que Moisés exclamó: «Estoy temblando de miedo». Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 47, 2-3ab.3cd-4.9

Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo.
Suscépimus, Deus, misericordiam tuam in médio templi tui

Grande es el Señor y digno de toda alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. Altura hermosa, alegría de toda la tierra.
Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo.
Suscépimus, Deus, misericordiam tuam in médio templi tui

El monte Sión, la morada de Dios, la capital del gran rey. Entre sus palacios, Dios se manifiesta como segura defensa.
Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo
Suscépimus, Deus, misericordiam tuam in médio templi tui

Tal como lo habíamos oído, así lo hemos visto en la ciudad del Señor todopoderoso, la ciudad de nuestro Dios, la que Dios ha fundado para siempre.
Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo
Suscépimus, Deus, misericordiam tuam in médio templi tui

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepentíos y creed en el Evangelio.
Appropinquávit regnum Dei; pænitémini et crédite Evangélio.
Aleluya.

Evangelio

Envió a los discípulos de dos en dos

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 7-13

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:

–Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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