Viernes 5ª Tiempo ordinario Año impar (Id=138)
Ustedes serán como dioses, pues conocerán el bien y el mal
Lectura del libro del Génesis 3, 1-8
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
–¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer contestó a la serpiente:
–Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; sólo del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.»
La serpiente replicó a la mujer:
–No es verdad que tengáis que morir. Bien sabe Dios que cuando comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.
La mujer se dio cuenta de que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia; y cogió un fruto, comió, se lo alargó a su marido, y él también comió. Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al Señor que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 131, 1-2.5.6.7
Dichoso el que está absuelto de su culpa.
Beátus cui remíssa est iníquitas.
Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a quien se perdonó su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta su falta, y en cuyo espíritu no hay engaño.
Dichoso el que está absuelto de su culpa.
Beátus cui remíssa est iníquitas.
Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculté mi falta; pensé: "Confesaré al Señor mis culpas", y tú perdonaste mi falta y mi pecado.
Dichoso el que está absuelto de su culpa.
Beátus cui remíssa est iníquitas.
Por eso te imploran todos los fieles en los momentos de angustia, y aunque se desborden las aguas caudalosas, no los alcanzarán.
Dichoso el que está absuelto de su culpa.
Beátus cui remíssa est iníquitas.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me inundarás de alegría en la liberación.
Perdona, Señor, nuestros pecados.
Beátus cui remíssa est iníquitas.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones, para que comprendamos las palabras de tu Hijo.
Aperi, Dómine, cor nostrum, ut intendámus verbis Fílii tui.
Aleluya.
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
–Effetá (esto es, «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:
–Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.