sab 6a. Ord. año impar antes Cuaresma (Id=155)

Primera Lectura

Por la fe sabemos que la palabra de Dios configuró el universo

Lectura de la carta a los Hebreos
11, 1-7

Hermanos:

La fe es seguridad de lo que se espera,

y prueba de lo que no se ve.

Por su fe son recordados los antiguos.

Por la fe sabemos que la palabra de Dios configuró el universo, de manera que lo que está a la vista no proviene de nada visible.

Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que Caín; por ella, Dios mismo, al recibir sus dones lo acreditó como justo; por ella sigue hablando después de muerto.

Por la fe, fue arrebatado Henoc, sin pasar por la muerte; no lo encontraban, porque Dios lo había arrebatado; en efecto, antes de ser arrebatado se le acreditó que había complacido a Dios, y sin fe es imposible complacerle, pues el que se acerca a Dios debe creer que existe y que recompensa a quienes lo buscan.

Por la fe, Noé, advertido por Dios de lo que aún no se veía, tomó precauciones y construyó un arca para salvar a su familia; por la fe condenó al mundo y consiguió la justicia que viene de la fe.


Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 144, 2-3.4-5

Bendeciré tu nombre, Señor, por siempre.
Benedícam nómini tuo, Dómine, in æternum.

Todos los días te bendeciré, alabaré tu nombre sin cesar. Grande es el Señor y digno de toda alabanza, es inmensa su grandeza.
Bendeciré tu nombre, Señor, por siempre.
Benedícam nómini tuo, Dómine, in æternum.

Cada generación celebra tus acciones y anuncia tus hazañas a la siguiente; ellos hablan del esplendor de tu gloria, y yo repetiré tus maravillas.
Bendeciré tu nombre, Señor, por siempre.
Benedícam nómini tuo, Dómine, in æternum.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, Aleluya.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía: "Este es mi Hijo amado: escúchenlo".
Caeli aperti sunt et vox Patris intonuit:”Hic est Filius meus carissimus; audite illum
Aleluya.

Evangelio

Se transfiguró en presencia de ellos

† Lectura del santo Evangelio según Marcos
9, 2-13

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos.

Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

–Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Estaban asustados y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que lo cubrió y salió una voz de la nube:

–Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Le preguntaron:

–¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías?

Les contestó él:

–Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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