Ven, Señor, no tardes; ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.
Véniet Dóminus et non tardábit, et illuminábit abscóndita tenebrárum, et manifestábit se ad omnes gentes.
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Oremos:
No permitas, Padre todopoderoso, que quienes esperamos la llegada consoladora de nuestro salvador, desfallezcamos en la tarea que tú nos has encomendado de prepararnos a su venida.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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El Señor da vigor al fatigado
Lectura del libro del profeta Isaías 40, 25-31
«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno. ¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado y acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 102, 1-2.3-4.8 y 10
Bendice, alma mía, al Señor.
Bénedic, ánima mea, Dómino.
Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
Bendice, alma mía, al Señor
Bénedic, ánima mea, Dómino.
El perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la tumba y te colma de amor y de ternura.
Bendice, alma mía, al Señor.
Bénedic, ánima mea, Dómino.
El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor. No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
Bendice, alma mía, al Señor.
Bénedic, ánima mea, Dómino.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mirad que llega el Señor para salvar a su pueblo; dichosos los que están preparados para salir a su encuentro.
Ecce véniet Dóminus, ut salvet pópulum suum; beáti qui paráti sunt occúrrere illi.
Aleluya.
Vengan a mí todos los que están fatigados
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 28-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como signo de nuestra total entrega, para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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El Señor llega con gran poder. Iluminará los ojos de sus siervos.
Ecce Dóminus noster cum virtúte véniet, et illuminábit óculos servórum suórum.
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Oremos:
Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha, y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén