Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre.
Prope es tu, Dómine, et omnes viæ tuæ véritas; initio cognóvi de testimóniis tuis, quia in ætérnum tu es.
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Oremos:
Haz, Señor, que nos decidamos a preparar los caminos de tu Hijo, para que por el misterio de su venida podamos servirte con un corazón limpio.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Yo soy tu redentor, el Dios de Israel
Lectura de libro del profeta Isaías
Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.» No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio –oráculo del Señor–, tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel. Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 144, 1 y 9.10-11.12-13ab
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad
Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.
Te glorificaré, rey y Dios mío, bendeciré tu nombre por siempre. El Señor es bondadoso con todos, a todas sus obras se extiende su ternura.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.
Que tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que proclamen la gloria de tu reinado y hablen de tus hazañas.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.
Das a conocer a los hombres tus hazañas, la gloria y el esplendor de tu reinado. Tu reinado es eterno, tu gobierno permanece para siempre.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo. Ábrase la tierra y brote la salvación.
Roráte, cæli, désuper, et nubes pluant iustum; aperiátur terra, et gérminet Salvatórem.
Aleluya.
No ha habido ninguno más grande que Juan el Bautista
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 11-15
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Ellas, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Acepta, Señor, estas ofrendas que hemos tomado de tus mismos dones, y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando nos alcance la salvación eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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Vivamos en este mundo como seres humanos responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.
Iuste et pie vivámus in hoc sæculo, exspectántes beátam spem et advéntum glóriæ magni Dei.
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Oremos:
Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén