vie 8a. Ord. año impar antes Cuaresma (Id=183)


Primera Lectura

Nuestros padres fueron hombres ilustres y su gloria jamás se extinguirá

Lectura del libro del Eclesiástico 44, 1.9-13

Hagamos el elogio de los hombres de bien,

de la serie de nuestros antepasados.

Hay quienes no dejaron recuerdo,

y acabaron al acabar su vida:

fueron como si no hubieran sido,

y lo mismo sus hijos tras ellos.

No así los hombres de bien:

su esperanza no se acabó,

sus bienes perduran en su descendencia,

su heredad pasa de hijos a nietos.

Sus hijos siguen fieles a la alianza,

y también sus nietos, gracias a ellos.

Su recuerdo dura por siempre,

su caridad no se olvidará.


Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.


Salmo Responsorial

Del salmo 149

El Señor ama a su pueblo.
Beneplacitum est Dómino in populo suo

Entonen al Señor un canto nuevo, en la reunión litúrgica proclámenlo. Alégrese Israel por su Creador y Rey.
El Señor ama a su pueblo.
Beneplacitum est Dómino in populo suo

En honor de su nombre, que haya danzas, alábenlo con arpa y tamboriles. El Señor es amigo de su pueblo, y otorga la victoria a los humildes.
El Señor ama a su pueblo.
Beneplacitum est Dómino in populo suo

Que se alegren los fieles de su gloria, que inunde el regocijo sus hogares, que alaben al Señor con sus palabras, porque en esto su pueblo se complace.
El Señor ama a su pueblo.
Beneplacitum est Dómino in populo suo

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Yo os he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
Ego elegi vos de mundo, ut eatis et fructum afferatis, et fructus vester maneat, dicit Dóminus

Aleluya.


Evangelio

Mi casa será casa de oración para todos los pueblos. Tengan fe en Dios

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 11, 11-25

Gloria a ti, Señor.

Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo, y, como era ya tarde, se marchó a Betania con los Doce.

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre.

Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.

Entonces le dijo:

–Nunca jamás coma nadie de ti.

Los discípulos lo oyeron.

Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.

Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.

Y los instruía diciendo:

–¿No está escrito: Mi casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos.

Se enteraron los sumos sacerdotes y los letrados, y como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.

Cuando atardeció, salieron de la ciudad.

A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús:

–Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

Jesús contestó:

Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá.

Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis.

Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.


Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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