Viernes de Ceniza (Id=195)
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Antífona de Entrada

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme.
Audívit Dóminus, et misértus est mihi, Dóminus factus est adiútor meus.

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Oración Colecta

Oremos:
Confírmanos, Señor, en el Espíritu de penitencia con que hemos empezado la Cuaresma; y que la austeridad exterior que practicamos vaya siempre acompañada por la sinceridad de corazón.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

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Primera Lectura

Este es el ayuno que yo quiero

Lectura del libro del profeta Isaías
58, 1-9a

Así dice el Señor Dios:

«Grita a plena voz, sin cesar,

alza la voz como una trompeta,

denuncia a mi pueblo sus delitos,

a la casa de Jacob sus pecados.

Consultan mi oráculo a diario,

muestran deseo de conocer mi camino,

como un pueblo que practicara la justicia

y no abandonase el mandato de Dios.

Me piden sentencias justas,

desean tener cerca a Dios.

"¿Para qué ayunar, si no haces caso?;

¿mortificarnos, si tú no te fijas?"

Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro interés

y apremiáis a vuestros servidores;

mirad: ayunáis entre riñas y disputas,

dando puñetazos sin piedad.

No ayunéis como ahora,

haciendo oír en el cielo vuestras voces.

¿Es ése el ayuno que el Señor desea,

para el día en que el hombre se mortifica?,

mover la cabeza como un junco,

acostarse sobre saco y ceniza,

¿a eso lo llamáis ayuno,

día agradable al Señor?

El ayuno que yo quiero es éste:

Abrir las prisiones injustas,

hacer saltar los cerrojos de los cepos,

dejar libres a los oprimidos,

romper todos los cepos;

partir tu pan con el hambriento,

hospedar a los pobres sin techo,

vestir al que ves desnudo,

y no cerrarte a tu propia carne.

Entonces romperá tu luz como la aurora,

en seguida te brotará la carne sana;

te abrirá camino la justicia,

detrás irá la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor, y te responderá;

gritarás, y te dirá: "Aquí estoy."»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 50, 3-4.5-6a.18-19

Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Cor contrítum et humiliátum, Deus, non despícies.

Ten piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Cor contrítum et humiliátum, Deus, non despícies.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti, contra ti solo pequé. A un corazón contrito, Señor, tú no lo desprecias.
Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Cor contrítum et humiliátum, Deus, non despícies.

No es el sacrificio lo que te complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu arrepentido: un corazón arrepentido y humillado tú, Dios mío, no lo desprecias.
Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Cor contrítum et humiliátum, Deus, non despícies.

Aclamación antes del Evangelio

Buscad el bien y no el mal, y viviréis, y así estará con vosotros el Señor
Quaerite bonu, et non malum, ut vivátis; et erit Dóminus vobíscum

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
9, 14-15

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole:

«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»

Jesús les dijo:

«¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?

Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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Oración sobre las Ofrendas

Señor, que el sacrificio que te ofrecemos en este tiempo de preparación para la Pascua, nos haga agradables a tus ojos y más generosos en la práctica de la penitencia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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Prefacio

Los frutos del ayuno

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro espíritu, nos das fuerza y recompensa, por Cristo, Señor nuestro.
Por él, los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
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Antífona de la Comunión

Señor, enséñanos tus caminos, instrúyenos en tus sendas.
Vias tuas, Dómine, demónstra nobis, et sémitas tuas édoce nos.

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Oración después de la Comunión

Oremos:
Te pedimos, Señor todopoderoso, que la participación en tus sacramentos nos purifique de todas nuestras culpas y nos disponga a recibir los dones de tu bondad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

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