El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos y su bondad se extiende a todas sus criaturas.
Miserátor et miséricors Dóminus, pátiens et multum miséricors. Suávis Dóminus univérsis, et míseratiónes eius super ómnia ópera eius.
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Oremos:
Señor, Dios todopoderoso, que, por medio de los sacramentos, nos permites participar de los bienes de tu Reino ya en nuestra vida mortal; dirígenos en el camino de la vida, para que lleguemos a alcanzar la luz donde habitas con tus santos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
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Arrojará a lo hondo del mar nuestros delitos
Lectura del libro del profeta Miqueas
7, 14-15.18-20
Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado,
a las ovejas de tu heredad,
a las que habitan apartadas en la maleza,
en medio del Carmelo.
Pastarán en Basán y Galaad,
como en tiempos antiguos;
como cuando saliste de Egipto
y te mostraba mis prodigios.
¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado
y absuelves la culpa al resto de tu heredad?
No mantendrá por siempre la ira,
pues se complace en la misericordia.
Volverá a compadecerse
y extinguirá nuestras culpas,
arrojará a lo hondo del mar
todos nuestros delitos.
Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán,
como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 102, 1-2.3-4.9-10.11-12
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.
Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.
El perdona todos tus pecados y cura todas tus enfermedades. El rescata tu vida del sepulcro, y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.
No está siempre acusando ni guarda rencor eternamente; no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miséricors et miserátor Dóminus.
Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.
Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.».
Surgam et ibo ad patrem meum et dicam ei: «Pater, peccávi in caelum et coram te».
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
15, 1-3.11-32
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
– «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
"Padre, dame la parte que me toca de la fortuna."
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo:
"Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo:
"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo."
Pero el padre dijo a sus criados:
"Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contestó:
"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado con salud.
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre:
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."
"Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»
Palabra de Dios.
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Por medio de este sacrificio comunícanos, Señor, los frutos de la redención, para que nunca se desvíe de ti nuestra vida y podamos alcanzar los bienes del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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En verdad es justo bendecir tu nombre, Padre rico en misericordia, ahora que, en nuestro itinerario hacia la luz pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo de la humanidad reconciliada en el amor. Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra, y experimentar con gozo tus maravillas. Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros de tu gloria, proclamamos el canto de tu alabanza:
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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Deberías alegrarte, hijo, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.
Opórtet te, fili, gaudére, quia frater tuus mórtuus fúerat, et revíxit; períerat, et invéntus est.
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Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, que la gracia de tus sacramentos llegue a lo más íntimo de nuestro corazón y nos comunique su fuerza divina.
Por nuestro Señor, Jesucristo.
Amén.
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