Olas de muerte me envolvían, torrentes destructores me aterraban; en mi angustia invoqué al Señor y él escuchó mi voz desde su templo.
Circumdedérunt me gémitus mortis, dolóres inférni circumdedérunt me; et in tribulatióne mea invocávi Dóminum, et exaudívit de templo sancto suo vocem meam.
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Oremos:
Que tu amor misericordioso dirija siempre, Señor, nuestros deseos y actividades, ya que sin tu ayuda no podemos agradarte.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
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Yo era como un manso cordero, que es llevado a degollar
Lectura del libro del profeta Jeremías 11, 18-20
El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían.
Yo, como cordero manso, llevado al matadero,
no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban:
«Talemos el árbol en su lozanía,
arranquémoslo de la tierra vital,
que su nombre no se pronuncie más.»
Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente,
pruebas las entrañas y el corazón;
veré mi venganza contra ellos,
porque a ti he encomendado mi causa.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 7, 2-3.9bc-10.11-12
Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Señor, Dios mío, en ti busco refugio, sálvame de mis perseguidores y líbrame; no sea que me destrocen como leones, de cuyas fauces nadie puede escapar.
Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Júzgame, Señor, según mi rectitud, según la inocencia que hay en mí. Que termine la maldad de los malvados; da tu apoyo al inocente, tú que examinas el corazón y las entrañas, tú que eres un Dios justo.
Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Dios es mi escudo, él salva a los honrados. Dios es un juez justo, siempre alerta para el castigo.
Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Dómine Deus meus, in te sperávi.
Y lo que cayó en tierra buena son los que oyen la palabra con un corazón bueno y generoso, la conservan y dan fruto mediante la perseverancia..
Beáti qui in corde bono et óptimo verbum Dei rétinent, et fructum áfferunt in patiéntia.
¿Acaso de Galilea va a venir el Mesías?
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
7, 40-53
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
– «Éste es de verdad el profeta.»
Otros decían:
–«Éste es el Mesías.»
Pero otros decían:
– «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?»
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron:
– «¿Por qué no lo habéis traído?»
Los guardias respondieron:
– «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.»
Los fariseos les replicaron:
– «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.»
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
_«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?»
Ellos le replicaron:
– «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.»
Y se volvieron cada uno a su casa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación y, con la fuerza de tu amor, doblega ante ti nuestras rebeldes voluntades.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Los frutos de las privaciones voluntarias
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has querido que en nuestras privaciones voluntarias encontremos un motivo para bendecirte, ya que nos ayudan a refrenar nuestras pasiones desordenas y, al darnos ocasión de compartir nuestros bienes con los necesitados, nos hacen imitadores de tu generosidad.
Por eso,
con todos los ángeles, te glorificamos y te aclamamos diciendo:
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Hemos sido rescatados con la Sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha.
Pretióso sánguine quasi Agni immaculáti Christi et incontamináti redémpti sumus.
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Oremos:
Que tus sacramentos nos purifiquen, Señor, y por su acción eficaz nos hagan agradables a tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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