mar 3a. Sem Pascua (Id=279)
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Antífona de Entrada

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Mesías. Aleluya.
Laudem dícite Deo nostro, omnes qui timétis Deum, pusílli et magni, quia facta est salus, et virtus, et potéstas Christi eius, allelúia.


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Oración Colecta

Oremos:
Dios nuestro, tú que abres las puertas de tu Reino a quienes renacen del agua y del Espíritu, haz fructificar en nosotros la gracia del bautismo para que, libres de toda culpa, podamos alcanzar la herencia que nos has prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

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Primera Lectura

Llenen la tierra y sométanla

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
7, 51-60; 8, 1

En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas:

–«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.»

Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:

– «Veo el cielo abierto y al Hijo el hombre de pie a la derecha de Dios.»

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:

– «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:

– «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»

Y, con estas palabras, expiró.

Saulo aprobaba la ejecución.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 30, 3cd-4.6-7d y 8a.17 y 21ab

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.

Señor, sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi fortaleza; guíame y condúceme por el honor de tu nombre.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.

A tus manos confío mi espíritu: tú el Dios fiel, me rescatarás; yo confío en el Señor. Me llenaré de júbilo y alegría por tu amor.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.

Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, sálvame por tu amor. Al amparo de tu presencia nos ocultas de las intrigas de los hombres.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Yo soy el pan de la vida –dice el Señor–; el que viene a mí no pasará hambre.
Ego sum panis vitæ, dicit Dóminus; qui venit ad me non esúriet.
Aleluya.


Evangelio


Es mi Padre quien da el verdadero pan


† Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 30-35


Gloria a ti, Señor.


En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús:

– «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."»

Jesús les replicó:

– «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»

Entonces le dijeron:

– «Señor, danos siempre de este pan.»

Jesús les contestó:

– «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


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Oración sobre las Ofrendas


Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él de la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


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Prefacio


El misterio pascual


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó
nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
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Antífona de la Comunión

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Aleluya.
Si mórtui sumus cum Christo, crédimus quia simul étiam vivémus cum Christo, allelúia.


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Oración después de la Comunión


Oremos:
Mira, Señor, con bondad a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


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