sab 3a. Sem Pascua (Id=283)
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Antífona de Entrada

Por el bautismo, fuisteis sepultados con Cristo y con él habéis sido resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios que lo resucitó. Aleluya.
Consepúlti estis Christo in baptismo, in quo et resurrexístis per fidem operatiónis Dei, qui suscitávit illum a mórtius, allelúia


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Oración Colecta


Oremos:
Dios nuestro, que por medio del bautismo haces participar de la vida de Cristo a los que creen en ti; protégenos de los engaños del enemigo para que podamos conservar fielmente el don de tu amor.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.


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Primera Lectura


La comunidad cristiana crecía, animada por el Espíritu Santo


Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles 9, 31-42


En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Pedro recorría el país y bajó a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla.

Pedro le dijo:

–«Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y haz la cama.»

Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarón, y se convirtieron al Señor.

Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacía infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba.

Lida está cerca de Jafa. Al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle que fuera a Jafa sin tardar. Pedro se fue con ellos. Al llegar a Jafa, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela cuando vivía. Pedro mandó salir fuera a todos. Se arrodilló, se puso a rezar y, dirigiéndose a la muerta, dijo:

– «Tabita, levántate.»

Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él la cogió de la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, se la presentó viva.

Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.


Salmo Responsorial


Sal 115, 12-13.14-15.16-17

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Quid retribuam Dómino pro ómnibus quae retribuit mihi?


¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Ofreceré la copa por la salvación, invocando su nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Quid retribuam Dómino pro ómnibus quae retribuit mihi?

Cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo. El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Quid retribuam Dómino pro ómnibus quae retribuit mihi?

Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis ataduras. Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Quid retribuam Dómino pro ómnibus quae retribuit mihi?


Aclamación antes del Evangelio


Aleluya, aleluya.

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt; verba vitae aetérna habes

Aleluya.


Evangelio


Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna


† Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 60-69


Gloria a ti, Señor.


En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

–«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

– «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creéis.»

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.

Y dijo:

– «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mi, si el Padre no se lo concede.»

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

– «¿También vosotros queréis marcharos?»

Simón Pedro le contestó:

– «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.


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Oración sobre las Ofrendas


Acepta, Señor, en tu bondad los dones que te presentamos y concédenos tu protección para conservar tu gracia y conseguir la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


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Prefacio


Cristo, sacerdote y víctima


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a lo que anunciaban los sacrificios de la antigua alianza, y ofreciéndose a sí mismo por nuestra salvación, quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

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Antífona de la Comunión

Padre, por ellos ruego, para que todos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.
Pater, pro eis rogo, ut ipsi in nobis unum sint, ut credat mundus quia tu me misísti, dicit Dóminus, allelúia


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Oración después de la Comunión


Oremos:
Dios todopoderoso, que tu amor proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegrías.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

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