Jueves 7ª Semana de Pascua (Id=321)
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Antífona de Entrada

Acerquémonos confiadamente a Dios, fuente de bondad, a fin de alcanzar su misericordia y su gracia en el tiempo oportuno. Aleluya.
Adeámus cum fidúcia ad thronum grátiæ, ut misericórdiam consequámur, et grátiam inveniámus in auxílio opportúno, allelúia.

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Oración Colecta

Oremos: Señor, que el Espíritu Santo nos conceda abundantemente tus dones, para que podamos conocer tu voluntad y ajustemos a ella nuestra vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.


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Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 22, 30; 23, 6-11


En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos. Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos.» Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.) Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?»

El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel. La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.


Salmo Responsorial

Sal 15, 1-2a.5.7-8.9-10.11


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.


Yo digo al Señor: "Tú eres mi dueño, mi único bien".
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.


Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.


Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche instruye mi conciencia, Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha jamás fracasaré.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.


Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo; porque no me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.


Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, para que el mundo crea que tú me has enviado – dice el Señor.
Ut omnes unum sint, sicut tu Pater, et ego in te, ut credat mundus quia tu me misisti, dicit Dóminus

Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26


Gloria a ti, Señor.



En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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Prefacio

El misterio pascual

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

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Antífona de la Comunión

Lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu consolador, dice el Señor. Aleluya
Ego veritatem dico vobis, éxpedit vobis ut ego vadam; si enim non abiero, Paráclitus non véniet ad vos, dicit Dóminus, alleluia


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Oración después de la Comunión

Oremos: Que esta Eucaristía, Señor, nos haga comprender tus designios, para que seamos dignos de recibir los dones de tu Espíritu.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén


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