Viernes 7ª Semana de Pascua (Id=322)
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Cristo nos ama y nos ha purificado de nuestros pecados por medio de su sangre; él nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. Aleluya.
Diléxit nos Christus, et lavit nos a peccátis nostris in sánguine suo, et fecit nos regnum et sacerdótes Deo et Patri suo, allelúia.
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Oremos: Dios nuestro, que por medio del triunfo glorioso de Cristo y de la gracia del Espíritu Santo nos has abierto las puertas del cielo; haz que comprendamos la grandeza de este don, para que podamos crecer en la fe y servirte con mayor empeño.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 25, 13-21
En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César.»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 102, 1-2.11-12.19-20ab
El Señor puso en el cielo su trono.
Dóminus in cælo parávit sedem suam.
Bendice al Señor, alma mía y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor puso en el cielo su trono.
Dóminus in cælo parávit sedem suam.
Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
El Señor puso en el cielo su trono.
Dóminus in cælo parávit sedem suam.
El Señor estableció su trono en los cielos, ejerce su dominio sobre todas las cosas. Bendigan al Señor, ángeles suyos, poderosos guerreros ejecutores de sus órdenes.
El Señor puso en el cielo su trono.
Dóminus in cælo parávit sedem suam.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
Spíritus Sanctus vos docébit ómnia; súggeret vobis ómnia quæcúmque díxero vobis.
Aleluya.
Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 15-19
Gloria a ti, Señor.
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: – «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: – «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice:
–Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
–Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Él le contesta:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Él le dice:
–Pastorea mis ovejas.
–Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
–Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
–Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
–Sígueme.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Mira con bondad, Señor, las ofrendas de tu pueblo y haz que el Espíritu Santo nos purifique para que podamos presentarte un sacrificio agradable.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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El misterio pascual
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
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Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los guiará hasta la verdad plena, dice el Señor. Aleluya.
Cum vénerit Spíritus veritátis, docébit vos omnem veritátem, dicit Dóminus, allelúia.
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Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor, tú que nos purificas y fortaleces por medio de tus sacramentos, haz que nuestra participación en esta Eucaristía nos conduzca a la vida eterna.
Por nuestro Señor, Jesucristo.
Amén.
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