Vendrá Cristo, nuestro Rey, el Cordero cuya venida fue anunciada por Juan.
Rex noster advéniet Christus, quem Ioánnes prædicávit Agnum esse ventúrum.
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Oremos:
Concédenos, Señor, vernos libres de la antigua esclavitud del pecado por el renovado misterio del nacimiento de tu Hijo que vamos a celebrar, y así encontremos auxilio para el tiempo presente y para la vida futura.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Yo haré surgir un renuevo en el tronco de David
Lectura del libro del profeta Jeremías 23, 5-8
«Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: "El–Señor–nuestra–justicia". Por eso, mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que no se dirá: "Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto", sino que se dirá: "Vive el Señor, que sacó a la raza de Israel del país del Norte y de los países adonde los expulsó, y los trajo para que habitaran en sus campos"».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del Salmo 71
Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et abundántia pacis in ætérnum.
Comunica, Señor, al rey tu juicio, tu justicia al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres.
Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et abundántia pacis in ætérnum.
De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra. Les hará justicia a los pobres y al débil librará del poderoso. Ayudará al que se encuentra sin amparo, se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et abundántia pacis in ætérnum.
Que bendigan al Señor eternamente, tanto como el sol viva su nombre. Que sea la bendición del mundo entero y lo aclamen dichoso las naciones.
Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Florébit in diébus eius iustítia et abundántia pacis in ætérnum.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.
Dux domus Isræl, qui Móysi in Sina legem dedísti: veni ad rediméndum nos in brácchio exténto.
Aleluya.
Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24
Gloria a ti, Señor.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios–con–nosotros"».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Señor, que el sacrificio que vamos a ofrecerte nos haga menos indignos de ti, para que podamos participar de la vida eterna de tu Hijo que, al hacerse mortal como nosotros, nos devolvió la inmortalidad.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los seres humanos. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando
llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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Le pondrán por nombre Enmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".
Vocábunt nomen eius Emmánuel, quod est interpretátum Nobíscum-Deus.
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Oremos:
Que esta Eucaristía en la que hemos tomado parte, nos ayude, Señor, a prepararnos con fe y amor a celebrar las fiestas ya cercanas del nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.