Muy pronto llegará el Señor, que domina los pueblos, y será llamado Enmanuel, porque tendremos a Dios-con-nosotros.
Modo véniet Dominátor Dóminus, et vocábitur nomen eius Emmánuel, quia Nobíscum-Deus.
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Oremos:
Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo que se alegra por la venida de tu Hijo en nuestra carne mortal; y concédenos que, cuando vuelva revestido de gloria y majestad, nos llenemos también de alegría al recibir de sus manos la recompensa de la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Aquí viene mi amado saltando por los montes
Lectura del libro del Cantar de los Cantares
2, 8-14
¡Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, brincando por los collados! Es mi amado como un gamo, es mi amado un cervatillo. Mirad: se ha parado detrás de la tapia, atisba por las ventanas, mira por las celosías. Habla mi amado y me dice: «¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Porque ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido, brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda, el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos; apuntan los frutos en la higuera, la viña en flor difunde perfume. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz, y es hermosa tu figura»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo
Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18ª
Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. El se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor
Sal 32, 2-3,11-12.20-21
Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.
Exsultáte, iusti, in Dómino; cantáte ei cánticum novum.
Dad gracias al Señor con el arpa, tocad para Él la lira de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, tocad con arte para Él y aclamadlo.
Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.
Exsultáte, iusti, in Dómino; cantáte ei cánticum novum.
El plan del Señor se mantiene por siempre, los proyectos de su mente, por todas las generaciones. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que se eligió como herencia.
Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.
Exsultáte, iusti, in Dómino; cantáte ei cánticum novum.
Nosotros esperamos en el Señor, él es nuestro socorro y nuestro escudo, él es la alegría de nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.
Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.
Exsultáte, iusti, in Dómino; cantáte ei cánticum novum.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Emmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.
Emmánuel, rex et légifer noster: veni ad salvándum nos, Dómine Deus noster.
Aleluya.
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 39-45
Gloria a ti, Señor.
Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Acepta, Señor, de tu Iglesia las ofrendas que tú mismo has puesto en nuestras manos y que tu poder convierte en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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La doble espera de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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¡Dichosa tú que has creído!, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor.
Beáta quæ credidísti, quóniam perficiéntur ea quæ dicta sunt tibi a Dómino.
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Oremos:
Que esta comunión, Señor, proteja siempre a tu pueblo a fin de que, entregados plenamente en tu servicio, alcancemos la salvación del alma y del cuerpo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén