Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote (Id=368)
(Jueves después de Pentecostés)
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Antífona de Entrada

Cristo, Mediador de una Nueva Alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.
Iurávit Dóminus et non pænitébit eum: Tu es sacerdos in ætérnum secúndum órdinem Melchísedech.

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Se dice "Gloria".

Oración Colecta

Oremos: ¡Oh Dios!, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único Sumo y Eterno Sacerdote; concede, a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus ministerios, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

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Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías
52, 13-15; 53, 1-12

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quien meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 39, 6.10-11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

¡Cuántas maravillas has hecho, Señor Dios mío! ¡Cuántos proyectos para nosotros! ¡No hay nadie como tú! Yo quisiera contarlos, publicarlos, pero son innumerables.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado. No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamé tu lealtad y tu salvación, no oculté tu amor en la gran asamblea.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 12-23

Hermanos: Cristo no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios. Unicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies. Con está única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios. Es lo que también nos atestigua el Espíritu Santo, pues después de haber dicho: “Esta es la alianza que yo haré con ellos después de aquellos días”, dice el Señor: “pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes”.Añade: “Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades”. Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de ofrenda por el pecado. Así pues, hermanos, ya que tenemos libre entrada en el santuario gracias a la sangre de Jesús, el cual inauguró para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo, es decir, de su cuerpo, y ya que tenemos un gran sacerdote en la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, con plena confianza, purificando el corazón de todo mal de que tuviéramos conciencia, y lavado el cuerpo con agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues quien nos ha hecho la promesa es digno de confianza.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.
Ecce servus meus, suscípiam eum; eléctus meus, complácuit sibi in illo ánima mea: dedi spíritum meum super eum, iudícium géntibus próferet
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20

Gloria a ti, Señor.

Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo:

–He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios. Y tomando una copa, dio gracias y dijo:

–Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.

Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo:

–Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.

Después de cenar, hizo lo mismo con la copa diciendo:
–Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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Oración sobre las Ofrendas

Jesucristo, nuestro Mediador, te haga aceptables estos dones, Señor, y nos presente juntamente con él como ofrenda agradable a tus ojos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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Prefacio

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. El no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige hombres de este pueblo para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos. Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darle así testimonio constante de fidelidad y amor.
Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos, cantamos tu gloria diciendo.
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Antífona de la Comunión

Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Este cáliz del nuevo testamento es mi sangre, dice el Señor. Haced esto en conmemoración mía.
Hoc Corpus, quod pro vobis tradetur; hic calix novi testaménti est in meo Sánguine, dicit Dóminus. Hoc fácite quotiescúmque súmitis in meam commemorationem.

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Oración después de la Comunión

Oremos: La Eucaristía que hemos ofrecido y recibido nos dé la vida, Señor, para que, unidos a ti en caridad perpetua, demos frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

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