22 de Diciembre (Id=37)

Antífona de Entrada

¡Portones!, alzad los dinteles; que se agranden los portones eternos: va a entrar el Rey de la gloria.
Attóllite, portæ, cápita vestra, et elevámini, portæ æternáles, et introíbit rex glóriæ.

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Oración Colecta

Oremos:
Dios nuestro, que al ver al ser humano caído y condenado a muerte, quisiste rescatarlo con la venida de tu Hijo; concede a cuantos creemos en el misterio de su Encarnación, participar algún día de su vida inmortal.
El, que vive y reina contigo.
Amén.

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Primera Lectura

Ana dio gracias por el nacimiento de Samuel

Lectura del primer libro de Samuel
1, 24-28

En aquellos días, cuando Ana hubo destetado a Samuel, subió con él al templo del Señor, de Siló, llevando un novillo de tres años, una fanega harina y un odre de vino. Cuando mataron el novillo, Ana presentó el niño a Elí, diciendo: «Señor, por tu vida, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía; el Señor me ha concedido mi petición. Por eso se lo cedo al Señor de por vida, para que sea suyo.»

Después se postraron ante el Señor.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Liturgia Eucarística

Salmo Responsorial

1 Samuel 2

Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Exsultávit cor meun in dómino salvatóre meo.

Mi corazón se alegra en el Señor, en Dios me siento yo fuerte y seguro. Ya puedo responder a mis contrarios, pues eres tú, Señor, el que me ayuda.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Exsultávit cor meun in dómino salvatóre meo.

El arco de los fuertes se ha quebrado, los débiles se ven de fuerza llenos. Se ponen a servir por un mendrugo los antes satisfechos; y sin tener que trabajar, pueden saciar su hambre los hambrientos. Siete veces da a luz la que era estéril y la fecunda, ya dejó de serlo.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Exsultávit cor meun in dómino salvatóre meo.

Da el Señor muerte y vida, deja morir y salva de la tumba; él es quien empobrece y enriquece, quien abate y encumbra.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Exsultávit cor meun in dómino salvatóre meo.

El levanta del polvo al humillado, al oprimido saca de su oprobio, para hacerlo sentar entre los príncipes en un trono glorioso.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.
Exsultávit cor meun in dómino salvatóre meo.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.
Rex géntium et lapis anguláris Ecclésiæ: veni, et salva hóminem quem de limo formásti.

Aleluya.

Evangelio

Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 46-56

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia – como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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Oración Sobre las Ofrendas

Confiados, Señor, en tu misericordia, venimos a tu altar con nuestros dones, a fin de que la celebración de esta Eucaristía nos purifique de nuestros pecados.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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Prefacio

La doble espera de Cristo


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los seres humanos. El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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Antífona de la Comunión

Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha hecho en mí maravillas el Todopoderoso.
Magníficat ánima mea Dóminum, quia fecit mihi magna qui potens est.

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Oración después de la Comunión

Oremos:
Que la recepción de este sacramento nos dé fuerzas, Señor, para prepararnos a la venida de nuestro Salvador con la práctica de las buenas obras y podamos así alcanzar el premio de la felicidad eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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