Sagrado Corazón de Jesús (Ciclo B) (Id=406)
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Oseas 11, 1.3-4.8c-9
Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer. Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Hauriétis aquas in gáudio de fóntibus Salvatóris
El Señor es el Dios que me salva; tengo confianza y no temo, porque mi fuerza y mi fuente de alegría es el Señor, él es mi salvación. Sacarán agua como gozo de las fuentes de la salvación.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Hauriétis aquas in gáudio de fóntibus Salvatóris
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, proclamen entre los pueblos sus hazañas, pregonen que su nombre es sublime.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Hauriétis aquas in gáudio de fóntibus Salvatóris
Cantad al Señor, porque ha hecho maravillas; que lo sepa la tierra entera. Gritad alegres, habitantes de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Hauriétis aquas in gáudio de fóntibus Salvatóris
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 8-12.14-19
Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él. Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.
Tóllite iugum meum super vos, et díscite a me, quia mitis sum et húmilis corde
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 31-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.