12º Domingo Tiempo ordinario Ciclo B (Id=425)
Primera Lectura
Lectura de libro de Job 38, 1. 8-11
El Señor habló a Job desde la tormenta: «¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas"?»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 106
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Confitémini Domino, quóniam in saéculum misericórdiæ eius.
Los que la mar surcaban con sus naves, por las aguas inmensas negociando, el poder del Señor y sus prodigios en medio del abismo contemplaron.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Confitémini Domino, quóniam in saéculum misericórdiæ eius.
Habló el Señor y un viento huracanado las olas encrespó; al cielo y al abismo eran lanzados, sobrecogidos de terror.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Confitémini Domino, quóniam in saéculum misericórdiæ eius.
Clamaron al Señor en tal apuro y él los libró de sus congojas. Cambió la tempestad en suave brisa y apaciguó las olas.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Confitémini Domino, quóniam in saéculum misericórdiæ eius.
Se alegraron al ver la mar tranquila y el Señor los llevó al puerto anhelado. Den gracias al Señor por los prodigios que su amor por el hombre ha realizado.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Confitémini Domino, quóniam in saéculum misericórdiæ eius.
Segunda Lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17
Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
Prophéta magnus surréxit in nobis, et Deus visitábit plebem suam.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-40
Gloria a ti, Señor.
Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
–Vamos a la otra orilla.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:
–Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
–¡Silencio, cállate!
El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:
–¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Se quedaron espantados y se decían unos a otros:
–¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.