Martes 14ª Tiempo ordinario Año impar (Id=463)

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 32, 23-32

En aquellos días, todavía de noche se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos siervas y los once hijos y cruzó el vado de Yaboc; pasó con ellos el torrente e hizo pasar cuanto poseía. Y él se quedó solo. Un hombre luchó con él hasta la aurora; y viendo que no le podía, le tocó la articulación del muslo, y se la dejó tiesa mientras peleaba con él.

Y el hombre le dijo:

–Suéltame, que llega la aurora.

Respondió:

–No te soltaré hasta que me bendigas.

Y le preguntó:

–¿Cómo te llamas?

Contestó:

–Jacob.

Le replicó:

–Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y con hombres y has podido.

Jacob, a su vez, preguntó:

–Dime tu nombre.

Respondió:

–¿Por qué me preguntas mi nombre?

Y le bendijo.

Jacob llamó aquel lugar Penuel, diciendo:

–He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo.

Cuando atravesaba Penuel salía el sol, y él iba cojeando. Por eso los israelitas, hasta hoy no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

del salmo 16

Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia.
Ego in iustítia vidébo fáciem tuam, Dómine

Señor, hazme justicia y a mi clamor atiende; presta oídos a mi súplica, pues mis labios no mienten.
Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia
.
Ego in iustítia vidébo fáciem tuam, Dómine

Júzgame tú, Señor, pues tus ojos miran al que es honrado. Examina mi corazón, revísalo de noche, pruébame a fuego y no hallaras malicia de en mí.
Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia

Ego in iustítia vidébo fáciem tuam, Dómine

A ti mi voz elevo, pues sé que me respondes. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras; muéstrame los prodigios de tu misericordia, pues a quien acude a ti, de sus contrarios salvas.
Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia

Ego in iustítia vidébo fáciem tuam, Dómine

Protégeme, Señor, como a las niñas de tus ojos, bajo la sombra de tus alas escóndeme, pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro y al despertarme, espero saciarme de tu vista.
Con mi apelación, Señor, vengo a tu presencia

Ego in iustítia vidébo fáciem tuam, Dómine

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
Ego sum pastor bonus, dicit Dóminus; et cognósco oves meas, et cognóscunt me meæ
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 32b-38

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada:

–Nunca se ha visto en Israel cosa igual.

En cambio, los fariseos decían:

–Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:

–La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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