La Sagrada Familia Ciclo B (Id=48)

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 15, 1-6; 21, 1-3

Después de estos sucesos fue dirigida la palabra de Yahveh a Abram en visión, en estos términos:
—No temas, Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande.

Dijo Abram:

—Mi Señor, Yahveh, ¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos...?

Dijo Abram:
He aquí que no me has dado descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar.

Mas he aquí que la palabra de Yahveh le dijo:

—No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas.

Y sacándole afuera, le dijo:

—Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas.

Y le dijo:
—Así será tu descendencia.

Y creyó él en Yahveh, el cual se lo reputó por justicia. Yahveh visitó a Sara como lo había dicho, e hizo Yahveh por Sara lo que había prometido. Concibió Sara y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el plazo predicho por Dios. Abraham puso al hijo que le había nacido y que le trajo Sara el nombre de Isaac.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial. Del salmo 105

El Señor es nuestro Dios, él se acuerda por siempre de su alianza
Ipse Dóminus Deus noster, memor fuit in saéculum testaménti sui.
¡Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas! ¡Cantadle, salmodiad para él, recitad todas sus maravillas!

El Señor es nuestro Dios, él se acuerda por siempre de su alianza
Ipse Dóminus Deus noster, memor fuit in saéculum testaménti sui.
Gloriaos en su santo nombre, se alegre el corazón de los que buscan a Yahveh! ¡Buscad a Yahveh y su fuerza, id tras su rostro sin descanso!

El Señor es nuestro Dios, él se acuerda por siempre de su alianza
Ipse Dóminus Deus noster, memor fuit in saéculum testaménti sui.
Recordad las maravillas que él ha hecho, sus prodigios y los juicios de su boca! Raza de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido

El Señor es nuestro Dios, él se acuerda por siempre de su alianza
Ipse Dóminus Deus noster, memor fuit in saéculum testaménti sui.
Él se acuerda por siempre de su alianza, palabra que impuso a mil generaciones, lo que pactó con Abraham, el juramento que hizo a Isaac.

El Señor es nuestro Dios, él se acuerda por siempre de su alianza
Ipse Dóminus Deus noster, memor fuit in saéculum testaménti sui.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 8. 11-12. 17-19

Hermanos: Por la fe, Abrahán obedeció al ser llamado para ir al lugar que iba a recibir en herencia, y salió sin saber adónde marchaba. Por la fe, también Sara, que era estéril, recibió vigor para concebir, aun superada ya la edad oportuna, porque creyó que era digno de fe el que se lo había prometido. De modo que de uno solo, y ya decrépito, nacieron hijos tan numerosos como las estrellas del cielo e incontables como las arenas de las playas del mar. Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac, y el que había recibido las promesas se dispuso a ofrecer a su único hijo de quien se le había dicho: En Isaac tendrás descendencia. Pensaba, en efecto, que Dios es poderoso incluso para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró y fue como un símbolo.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor

Aclamación antes del Evangelio

Allelúia.

En diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. En estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien instituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo.

Multifáriam et multis modis olim Deus locútus pátribus in prophétis, in novíssimis his diébus locútus est nobis in Fílio, quem constítuit herédem universórum, per quem fecit et sæcula;


Allelúia.

Evangelio (forma breve)

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

Gloria a ti, Señor.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones”.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

–Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:

–Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22. 39-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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