La Sagrada Familia Ciclo C (Id=49)
Primera Lectura
Lectura del primer libro de Samuel 1, 20-22. 24-28
Concibió Ana y llegado el tiempo dio a luz un niño a quien llamó Samuel, porque, dijo, “se lo he pedido a Yahveh”. Subió el marido Elcaná con toda su familia, para ofrecer a Yahveh el sacrificio anual y cumplir su voto, pero Ana no subió, porque dijo a su marido:
—Cuando el niño haya sido destetado, entonces le llevaré, será presentado a Yahveh y se quedará allí para siempre.
Cuando lo hubo destetado, lo subió consigo, llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, e hizo entrar en la casa de Yahveh, en Silo, al niño todavía muy pequeño. Inmolaron el novillo y llevaron el niño a Elí y ella dijo:
—Óyeme, señor. Por tu vida, señor, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti, orando a Yahveh. Este niño pedía yo y Yahveh me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se lo cedo a Yahveh por todos los días de su vida; está cedido a Yahveh.
Y le dejó allí, a Yahveh.
Pabra de Dios
Te alabamos, Señor
Salmo Responsorial. Del Salmo 84
Dichosos los que moran en tu casa, Señor.
Beáti qui hábitant in domo tua, Dómine.
¡Qué amables tus moradas, oh Yahveh Sebaot!Anhela mi alma y languidece tras de los atrios de Yahveh, mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo.
Dichosos los que moran en tu casa, Señor.
Beáti qui hábitant in domo tua, Dómine.
Dichosos los que moran en tu casa, te alaban por siempre. Dichosos los hombres cuya fuerza está en ti, y las subidas en su corazón
Dichosos los que moran en tu casa, Señor.
Beáti qui hábitant in domo tua, Dómine.
¡Yahveh Dios Sebaot, escucha mi plegaria, tiende tu oído, oh Dios de Jacob! Oh Dios, escudo nuestro, mira, pon tus ojos en el rostro de tu ungido
Dichosos los que moran en tu casa, Señor.
Beáti qui hábitant in domo tua, Dómine.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2. 21-24
Hermanos: Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Queridísimos: ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como es. Queridísimos: si el corazón no nos acusa, tenemos plena confianza ante Dios y recibiremos de Él cuanto pidamos, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que es grato a sus ojos. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, conforme al mandamiento que nos dio. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; y por esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.
Palabra del Dios
Te alabamos, Señor
Aclamación antes del Evangelio
Allelúia.
Abre, Señor, nuestro corazón para que entendamos las palabras de tu Hijo
Aperi, Dómine, cor nostrum, ut intendámus verbis Fílii tui.
Allelúia.
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 41-52
Gloria a ti, Señor.
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
–Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
Él les contestó:
–¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
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