31º Domingo Tiempo ordinario Ciclo C (Id=727)

Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 11, 23-26; 12, 1-2

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 144

Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.
Benedícam nómini tuo in sæculum, Deus meus rex.

Dios y rey mío, yo te alabaré, bendeciré tu nombre siempre y para siempre. Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte.
Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.
Benedícam nómini tuo in sæculum, Deus meus rex.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para personar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas.
Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.
Benedícam nómini tuo in sæculum, Deus meus rex.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y narren tus proezas a los hombres.
Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.
Benedícam nómini tuo in sæculum, Deus meus rex.

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 11-12; 2, 1-2

Hermanos: Siempre rezamos por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación; para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; y para que así Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo. Os rogamos a propósito de la última venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras: como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito; todo aquel que cree en Él tiene la vida eterna.
Sic Deus diléxi mundum, ut Fílium suum unigénitum daret; omnis qui credit in eum habet vitam ætérnam.
Aleluya.

Evangelio

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10

Gloria a ti, Señor

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:

–Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.

El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver ésto, todos murmuraban diciendo:

–Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor:

–Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.

Jesús le contestó:

–Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice “Credo”

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