Sábado 1ª Tiempo ordinario Año impar (Id=78)
Acerquémonos con plena confianza al trono de la gracia
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-16
Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos: penetra hasta lo más íntimo del alma, hasta lo más profundo del ser y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Así que toda criatura es transparente para Dios. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquél a quien hemos de rendir cuentas. Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos. Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y encontrar la gracia de un socorro oportuno.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 18, 8.9.10.15
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt.
La ley del Señor es perfecta: da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt.
Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt.
El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt.
Que te agraden mis palabras y mis pensamientos, Señor, roca mía, mi redentor.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva y proclamar la liberación a los cautivos.
Evangelizáre paupéribus misit me Dóminus, prædicáre captivis remissiónem.
Aleluya.
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 13-17
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con recaudadores y pecadores!» Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores».
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.