Sábado 2ª Tiempo ordinario Año impar (Id=93)

Primera Lectura

Con su propia sangre, Cristo entró para siempre en el santuario

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 2-3.6-7.11-14

Hermanos:

La Tienda tenía un primer recinto, llamado «santo», donde estaban el candelabro, la mesa y los panes presentados; detrás de la segunda cortina estaba el recinto llamado «santísimo». Pero Cristo ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. Su templo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa; cuánto más la sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 46, 2-3.6-7.8-9

Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas
Ascendit Deus in iubilo, et Dominus in voce tubæ.

Todos los pueblos, aplaudan: aclamen a Dios con gritos de alegría: porque el Señor es grande y temible, es el rey de toda la tierra.
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas
Ascendit Deus in iubilo, et Dominus in voce tubæ.

Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al sonido de las trompetas. Toquen para Dios, toquen; toquen para nuestro rey, toquen.
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas
Ascendit Deus in iubilo, et Dominus in voce tubæ.

Porque Dios es el rey de toda la tierra: toquen con destreza. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su santo trono.
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas
Ascendit Deus in iubilo, et Dominus in voce tubæ.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones, para que comprendamos las palabras de tu Hijo.
Aperi, Domine, cor nostrum, ut intendamus verbis Filii tui.
Aleluya.

Evangelio

Sus parientes decían que se había vuelto loco

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 20-21

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, volvió Jesús con sus discípulos a casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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