Difunto, mujer
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Antífona de Entrada

Que el Señor le abra las puertas del paraíso, para que llegue a la patria donde ya no hay muerte, ni luto, ni llanto, sino paz y alegría sin fin.

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Oración Colecta

Señor y Dios nuestro, fuente de perdón para los pecadores y felicidad de los justos, concede a tu hija N., a quien vamos a dar (hoy) piadosa sepultura, formar parte del número de tus elegidos, para que el día de la resurrección pueda disfrutar de tu presencia eternamente.

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Primera lectura

El Señor destruirá la muerte para siempre

Lectura del libro del profeta Isaías 25, 6. 7-9

En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos.
Él arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá: —«Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae».

Salmo Responsorial

Del Salmo 129

Desde el abismo clamo a ti, Señor.

Desde el abismo clamo a ti, Señor: Señor, oye mi voz; préstale oído atento ami clamor.
Desde el abismo clamo a ti, Señor.

Si guardas el recuerdo de las culpas, żquién se podrá salvar? Pero de ti, Señor, viene el perdón que nos infunde un gran temor filial.
Desde el abismo clamo a ti, Señor.

Confío en el Señor, espero en su palabra que perdona. Mi alma suspira ya por el Señor más que los centinelas por la aurora.
Desde el abismo clamo a ti, Señor.

Que suspire Israel por el Señor más que los centinelas por la aurora, pues del Señor viene el perdón, la redención copiosa.
Desde el abismo clamo a ti, Señor.

Y al pueblo de Israel redimirá de su maldad y de sus malas obras.
Desde el abismo clamo a ti, Señor.

Segunda lectura

Si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9. 10-12

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.
Todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios. Como dice la Escritura: Juro por mí mismo, dice el Señor, que todos doblarán la rodilla ante mí y todos reconocerán públicamente que yo soy Dios.
En resumen, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya. Venid, benditos de mi Padre, dice el Señor; tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.

Evangelio

En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: —«No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo os lo habría dicho, porque voy a prepararos un lugar. Cuando me vaya y os prepare un sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo esté, estéis también vosotrod. Y ya sabéis el camino para llegar al lugar a donde voy».
Entonces Tomás le dijo: –«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le respondió: —«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí».

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Oración sobre las Ofrendas

Acude, Señor, en ayuda de tu hija N., por quien te vamos a ofrecer este sacrificio de reconciliación en el día de su sepultura; para que, si aún ha quedado en él alguna mancha ocasionada por el pecado o por la humana debilidad, tu misericordia lo perdone y lo purifique.

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Prefacio

Prefacio de difuntos
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Antífona de la Comunión

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.

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Oración después de la Comunión

Que este sacrificio, Señor Dios omnipotente, purifique de todo pecado a tu hija N., a quien has llamado (hoy) de este mundo y pueda, así, gozar eternamente de la alegría de la resurrección.

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