Difuntos. Por el obispo diocesano

Antífona de Entrada

Que el Señor le abra las puertas del paraíso, para que llegue a la patria donde ya no hay muerte, ni luto, ni llanto, sino paz y alegría sin fin.

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Oración Colecta

Te pedimos, Dios todopoderoso, que tu siervo, nuestro obispo N., a quien encomendaste el cuidado de esta diócesis, merezca entrar en el gozo eterno de su Señor, en premio al abundante fruto de su trabajo.

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Primera lectura

En la vida y en la muerte somos del Señor

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9. 10b-10

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Todos compareceremos ante el tribunal de Dios, porque está escrito: —«Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, a mí me alabará toda lengua». Por eso, cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo.

Salmo Responsorial

Del Salmo 142

Señor, escucha mi oración.

Pues eres justo y fiel, Señor, escúchame y a mi plegaria atiende. No vayas a juzgarme, pues ante ti ninguno es inocente.
Señor, escucha mi oración.

Cuando me pongo a recordar tus obras, y pienso en tus proezas, tiendo hacia ti mis manos, de ti sediento, como tierra seca.
Señor, escucha mi oración.

Señor, respóndeme enseguida, pues me falta el aliento. Hazme saber tu amor por la mañana, puesto que en ti yo espero.
Señor, escucha mi oración.

Ya que tú eres mi Dios, enséñame a cumplir tus mandamientos. Haz que tu bondadoso espíritu me enseñe el buen sendero.
Señor, escucha mi oración.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 6-10

Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna

Hermanos: Sabemos que, aunque se desmorone esta morada terrena, que nos sirve de habitación, Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna, no construida por manos humanas. Por eso siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hallamos hecho en esta vida.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

Evangelio

Hoy estarás conmigo en el paraíso

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 23, 33. 39-43

Cuando los soldados llegaron al lugar llamado «la Calavera», crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: —«Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro le reclamaba indignado: —«¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho».
Y le decía a Jesús: —«Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí».
Jesús le respondió: —«Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».

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Oración sobre las Ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio, que nuestro obispo N., mientras estaba con nosotros te ofrecía por la salvación de sus fieles, sea ahora, para él, por tu infinita misericordia, fuente de perdón y de paz.

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Prefacio

Prefacio de difuntos
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Antífona de la Comunión

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá y el que está vivo y crea en mí, no morirá para siempre. Aleluya.

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Oración después de la Comunión

Ábrele, Señor, los brazos de tu misericordia a nuestro obispo N., y por este sacrificio eucarístico, concédele gozar eternamente de Cristo, en quien puso su fuerza y cuyo Evangelio predicó.

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