Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.
Dios, Padre todopoderoso, apoyados en nuestra fe, que proclama la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que concedas a nuestro hermano N., que así como ha participado ya de la muerte de Cristo, llegue también a participar de la alegría de su gloriosa resurrección.
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 17-26
Me han arrancado la paz y ya no me acuerdo de la dicha. Pienso que se me acabaron ya las fuerzas y la esperanza en el Señor.
Fíjate, Señor, en mi pesar, en esta amarga hiel que me envenena. Apenas pienso en ello, me invade el abatimiento. Pero, apenas me acuerdo de ti, me lleno de esperanza.
La misericordia del Señor nunca termina y nunca se acaba su compasión; al contrario, cada mañana se renuevan. ¡Qué grande es el Señor!
Yo me digo: —«El Señor es la parte que me ha tocado en herencia y en el Señor pongo mi esperanza».
El Señor es bueno con aquellos que en él esperan, con aquellos que lo buscan.
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Del Salmo 127
Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor y siguen los caminos de su ley. Comerán del trabajo de sus manos, serán felices y les irá bien.
Dichosos los que temen al Señor.
Será su esposa como vid fecunda en la paz hogareña; serán sus hijos como olivos nuevos en torno de su mesa.
Dichosos los que temen al Señor.
Así bendecirá el Señor al hombre que le teme y lo respeta: Que el Señor te bendiga desde Sión y, de Jerusalén, veas la dicha, todos los días de tu vida.
Dichosos los que temen al Señor.
Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 6-10
Hermanos: Sabemos que, aunque se desmorone esta morada terrena, que nos sirve de habitación, Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna, no construida por manos humanas. Por eso siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hallamos hecho en esta vida.
Aleluya. Dichosos los que mueren en el Señor, que descansen ya de sus fatigas, pues sus obras los acompañan. Aleluya.
Inclinando la cabeza, entregó el espíritu
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 17-18. 25-39
En aquel tiempo, Jesús, cargando con la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado «la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: —Mujer, ahí está tu hijo.
Luego dijo al discípulo: —«Ahí está tu madre».
Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: –«Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: –«Todo está cumplido», e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creais. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
Palabra del Señor
Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de reconciliación por nuestro hermano N., para que pueda encontrar como juez misericordioso a tu Hijo Jesucristo, a quien por medio de la fe reconoció como su Salvador.
Dales, Señor, el descanso eterno, brille para ellos la luz perpetua y vivan siempre en compañía de tus santos, ya que eres misericordioso.
Por esta Eucaristía, que tu Hijo nos dejó como alimento para el camino de esta vida, concédenos, Señor, que nuestro hermano N., sea conducido al banquete de tu Reino.