Si alguna niña, a quien sus padres deseaban bautizar, muere antes de recibir el bautismo, el ordinario del lugar, teniendo en cuenta las circunstancias pastorales, puede permitir que sus exequias se celebren de acuerdo con el tipo que más se use en la región. En estas exequias se celebra la Liturgia de la Palabra como en el ritual pero, si por alguna razón parece conveniente la celebración de la misa, se utilizarán los textos que se presentan a continuación. Al hacer la catequesis, procúrese que no pierda fuerza en la mente de los fieles la doctrina sobre la necesidad del bautismo.
Dios enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni penas, ni gemidos, porque todo lo anterior habrá pasado.
Escucha, Señor, nuestras plegarias y reconforta a quienes lloran la muerte de esta niña, con la esperanza cierta de tu misericordia y de tu amor.
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 22-26
La misericordia del Señor nunca termina y nunca se acaba su compasión; al contrario, cada mañana se renueva. ¡Qué grande es el Señor!
Yo me digo: —«El Señor es la parte que me ha tocado en herencia»
y en el Señor pongo mi esperanza.
El Señor es bueno con aquellos que en él esperan, con aquellos que lo buscan.
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Del Salmo 24
Muéstrame tus caminos e instrúyeme, Señor, en tus senderos; haz que camine con lealtad y enséñame a cumplir tus mandamientos, pues eres tú mi Dios y Salvador y en ti continuamente espero.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. Señor, acuérdate de mí con ese mismo amor y esa ternura.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Alivia mi angustiado corazón y haz que lleguen mis penas a su fin. Protégeme, Señor, mi vida salva, que jamás quede yo decepcionado de haberte entregado mi confianza.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 17-26
Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha; me digo: Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor. Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien se renuevan cada mañana. ¡Qué grande es tu fidelidad! «El Señor es mi lote», me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Aleluya. Bendito sea el Padre, lleno de misericordia y Dios que siempre consuela, porque nos conforta en todas nuestras tribulaciones. Aleluya.
Jesús, dando un fuerte grito, expiró
† Lectura del santo según san Marcos 15, 33-46
Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedo en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: —«Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?» (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).
Algunos de los presentes, al oírlo, decían: –«Miren, está llamando a Elías».
Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: —«Vamos a ver si viene Elías a bajarlo».
Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Señor, que el ofrecimiento de este sacrificio exprese nuestra entrega a ti y nuestra confiada aceptación de tus designios, y nos conforte en esta prueba con el consuelo de tu amor paterno.
Cristo, vida y resurrección de los niños
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. Porque él es la salvación del mundo, la vida de los niños y la resurrección de los muertos. Por él, los ángeles, que gozan de tu presencia, eternamente te adoran; permítenos unirnos a sus voces, cantando jubilosos tu alabanza:
El Señor destruirá la muerte para siempre y enjugará las lágrimas de todos los rostros.
Que la comunión del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos conforte, Señor, en las dificultades de esta vida, y reanime en nosotros la feliz esperanza de la vida futura.