Ded. Basílica de Letrán
9 de nov

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Antífona de Entrada



Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Vidi civitatem sanctam, Ierúsalem novam, descendéntem de caelo a Deo, parátam sicut sponsam ornátam viro suo.

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Se dice «Gloria».

Oración Colecta

Señor, tú que edificas con piedras vivas y escogidas el templo eterno de tu gloria, derrama sobre tu Iglesia los dones del Espíritu Santo, para que tu pueblo fiel llegue un día a transformarse en la Jerusalén celestial.

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Primera lectura

Vi salir agua del templo: era un agua que daba vida y fertilidad

Lectura del libro del profeta Ezequiel 47, 1-2.8-9.1

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo.

Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.

Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.

Me dijo: –«Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Salmo Responsorial

Del Salmo 45, 2-3.5-6.4cd-9


El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro auxilio oportuno en el peligro. Por eso no tememos, aunque tiemble la tierra y los cimientos de la tierra se desplomen en el mar.



El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

Los canales de un río alegran la ciudad de Dios, la más santa morada del Altísimo. Dios está en medio de ella, no puede ser destruida; Dios la socorre al despuntar la aurora.



El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

El Señor todopoderoso está con nosotros, nuestra defensa es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, los prodigios que hace en la tierra.



El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

Segunda lectura

Vosotros sois templos de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 9c-11.16-17

Hermanos: Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.

Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Aclamación antes del Evangelio


Aleluya, aleluya.

Elijo y consagro este templo –dice el Señor– para que esté en él mi nombre eternamente.
Elégi et sanctificávi locum istum, dicit Dóminus, ut sit nomen meum ibi in sempitérnum. Alleluia.

Aleluya.

Evangelio

Jesús hablaba del templo de su cuerpo

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: –«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: –«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó: –«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron: –«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

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Oración de los fieles

Celebrante:
Hermanos y hermanas: Como miembros integrados en la construcción de la Iglesia y convertidos en piedras vivas del templo donde Dios habita con su pueblo, dirijamos nuestra oración al Padre y supliquémosle por todos los hombres: —(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos, Señor).

Para que la Iglesia de Dios, reunida en Roma alrededor de su obispo, el Papa N., se enriquezca con los dones del Espíritu Santo y realice su misión de presidir en el amor a las demás comunidades cristianas esparcidas por el mundo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.

Para que cada una de las parroquias y comunidades de Roma, con su presbíteros y diáconos, sean ejemplo de vida cristiana y fermento de unidad para todos los que peregrinan a aquella ciudad buscando el centro de la unidad católica y de la comunión de todos los que creen en Cristo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.

Para que todos los que viven rodeados de materialismo o se ven oprimidos por la miseria o el sufrimiento, descubran y deseen el cielo nuevo y la tierra nueva de los cuales es imagen y primicia la Iglesia, peregrina en el mundo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.

Para que todos nosotros, incorporados al pueblo de Dios por el bautismo, nos gloriemos siempre de pertenecer a la Iglesia y confesemos con valentía la fe que hemos recibido de ella, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.

Celebrante:
Señor del cielo y de la tierra, que no puedes ser contenido en ningún sitio, pero que has querido significar tu presencia entre los hombres por medio de edificios consagrados a tu nombre, escucha nuestra oración; y a nosotros, y a todos los que con espíritu de oración acuden a la basílica de Letrán, concédenos los bienes que te hemos pedido.

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Oración sobre las Ofrendas

Recibe, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, ser fortalecido por tus sacramentos y obtener lo que pide en sus oraciones.

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Prefacio

Prefacio Dedicación Iglesia
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Antífona de la Comunión

Nosotros somos piedras vivas, que sirven para construir el templo espiritual, el pueblo sacerdotal que pertenece a Dios. Tamquam lápides vivi superaedificámini, domus spiritális, sacerdótium sanctum.

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Oración después de la Comunión

Señor y Dios nuestro, que has querido darnos en tu Iglesia un signo temporal de la Jerusalén celeste, concédenos, por esta comunión, ser transformados aquí en templos de tu gracia y entrar un día en el Reino de tu gloria.

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