Venid, benditos de mi Padre, dice el Señor, porque estuve enfermo y me visitasteis.
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Oremos:
Oh Dios, que concediste a santa Isabel de Hungría
la gracia de reconocer y venerar en los pobres
a tu Hijo Jesucristo,
concédenos, por su intercesión,
servir con amor infatigable
a los humildes y a los atribulados.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
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También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3,14-18
Queridos hermanos: Nosotros estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida y bien sabéis vosotros que ningún homicida tiene la vida eterna.
Conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio su vida por nosotros. Así también debemos nosotros dar la vida por nuestros hermanos. Si alguno, teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar necesidad, y sin embargo, no lo ayuda, ¿cómo habitará el amor de Dios en él?
Hijos míos, no amemos solamente de palabra; amemos de verdad y con las obras.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 33
Bendigamos al Señor a todas horas.
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor; que se alegre su pueblo al escucharlo.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Proclamemos qué grande es el Señor y alabemos su nombre. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Vuélvanse a él y quedarán radiantes, jamás se sentirán decepcionados. El Señor siempre escucha al afligido, de su tribulación lo pone a salvo.
Bendigamos al Señor a todas horas.
A quien teme al Señor, el ángel del Señor lo salva y cuida. ¡Prueben! Verán qué bueno es el Señor; dichoso quien en él confía.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada faltará a quienes lo aman. El rico empobrece y pasa hambre; a quien busca al Señor nada le falta.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
Aleluya.
Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
6, 27-38
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queráis que os traten a vosotros; porque si amáis sólo a los que os aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacéis el bien sólo a los que os hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestáis solamente cuando esperáis cobrar, ¿qué hacéis de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.
Vosotros, en cambio, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar recompensa. Así tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso.
No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará: Recibiréis una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de vuestra túnica. Porque con la misma medida con que midáis, seréis medidos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Dios todopoderoso, acepta la ofrenda que te presentamos en la fiesta de santa Isabel de Hungría, de Escocia y concédenos a cuantos celebramos el sacramento de la muerte de tu Hijo cumplir en la vida lo que ahora realizamos.
Po Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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La vida consagrada a Dios es un signo Del Reino de los cielos
En verdad es justo y necesario que te alaben, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra.
Porque al celebrar a los santos que por amor al Reino de los cielos se consagraron a Cristo, reconocemos tu Providencia admirable, que no cesa de llamar al hombre a la santidad primera, para hacerlo participar ya desde ahora de la vida que gozará en el cielo, por Cristo, nuestro Señor.
Por eso,
con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:
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Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
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Oremos:
Alimentados con estos sacramentos de salvación, te rogamos, Dios de misericordia, que imitando la caridad de santa Isabel de Hungría, seamos un día partícipes de su gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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