Santiago, Apóstol (25 de jul) (Id=502)
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Antífona de Entrada

Ambulans Iesus iuxta mare Galilaéae, vidit lacóbum Zebedáei et Ioánem fratrem eius, reficiéntes rétia sua, et vocávit eos
Caminando Jesús por la orilla del lago de Galilea, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban remendando sus redes, y los llamó.

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Se dice "Gloria".


Oración Colecta

Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que Santiago fuera el primero de entre los apóstoles en derramar su sangre por el Evangelio; fortalece a tu Iglesia con el testimonio de su martirio y defiéndela con su valiosa
protección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

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Primera Lectura

Hizo decapitar a Santiago


Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
4, 33; 5, 12a. 27-33; 12, 1b-2

En aquellos días, los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Los trajeron y los condujeron a presencia del Consejo y el sumo sacerdote los interrogó:

— ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.

Pedro y los Apóstoles replicaron:

— Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero. » «La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados.» Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

Ellos al oír esto se consumían de rabia y trataban de matarlos y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.


Salmo Responsorial

Sal 66, 2-3.5.7-8



¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Qui séminant in lácrimis, in exsultatióne metent

Que Dios se apiade y nos bendiga, que haga brillar su rostro sobre nosotros; para que se conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación en todas las naciones.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Qui séminant in lácrimis, in exsultatióne metent

Que se alegren y canten de júbilo las naciones, porque juzgas rectamente los pueblos, y gobiernas las naciones de la tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Qui séminant in lácrimis, in exsultatióne metent

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga, y que lo teman hasta en los más remotos lugares de la tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Qui séminant in lácrimis, in exsultatióne metent


Segunda Lectura


Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios  4, 7-15

Hermanos: Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
En España:
Astro brillante de España, Apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz; tu gloria pervive entre nosotros

Aleluya.


En los demás lugares
Yo os he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca.
Ego vos elégi de mundo, ut eátis et fructum afferátis, et fructus vester máneat, dicit Dóminus
O bien
El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos. Aleluya.
O bien
Aleluya, aleluya. Mi cáliz lo beberéis. El puesto a mi derecha o a mi izquierda es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Aleluya.


Aleluya.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 20-28


En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. El le preguntó: - ¿Qué deseas? Ella contestó: - Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús replicó: - No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: - Lo somos. El les dijo: - Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: -Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos.

Palabra del Señor.
Gloria a Tí Señor Jesús.

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Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos y, por intercesión del apóstol Santiago, purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente del Cuerpo de Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

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Prefacio


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso, Pastor eterno. Porque Santiago, testigo predilecto, anunció el Reino que viene por la muerte y resurrección de tu Hijo, y, el primero entre los apóstoles, bebió el cáliz del Señor: con su guía y patrocinio se conserva y se dilata la fe por toda la tierra, mientras tu apóstol alienta a los que peregrinan finalmente a ti, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

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Antífona de la Comunión

Quienes participan del cáliz del Señor, se convierten en amigos de Dios.
Cálicem Domini bibérunt, et amíci Dei facti sunt.


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Oración después de la Comunión

Oremos:
Por intercesión del apóstol Santiago, en cuya festividad hemos recibido con alegría tus santos sacramentos, concédenos, Señor, tu protección y ayuda.
Por nuestro Señor, Jesucristo.

Amén.

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