Visitación de la Virgen María (Id=325)
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Antífona de Entrada Venite, audite, et narrabo, omnes qui timetis Deum, quanta fecit Dóminus, ánimae meae |
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Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba ya en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
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El Señor será el rey de Israel dentro de ti
Lectura del libro del profeta Sofonías 3, 14-18a
Regocíjate, hija de Sión;
grita de júbilo, Israel;
alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena,
ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel,
en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«No temas, Sión,
no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti,
es un guerrero que salva.
El se goza y se complace en ti,
te ama y se alegra con júbilo
como en día de fiesta.»
Apartaré de ti la amenaza,
el oprobio que pesa sobre ti.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 9-16b
Hermanos:
Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno.
Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.
En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes.
Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.
Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad.
Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.
Palabra de Dios.
Is 12, 2-3.4bcd.5-6
Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.
Magnus in medio tui Sanctus Israel.
El Señor es mi Dios y salvador, con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza y ha sido mi salvación. Sacaréis agua con gozo de la fuente de salvación.
Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.
Magnus in medio tui Sanctus Israel.
dad gracias al Señor e invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es sublime.
Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.
Magnus in medio tui Sanctus Israel.
Alabad al Señor por sus proezas, anunciadlas a toda la tierra. Gritad jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido grande con vosotros.
Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.
Magnus in medio tui Sanctus Israel.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosa tú, Virgen María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
Beata es, Virgo María, quae credidisti quoniam perficientur ea quae dicta sunt tibi a Dómino.
Aleluya.
¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56
Gloria a ti, Señor.
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
–«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
–«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Celebrante:
Confiados en la misericordia del Señor, que por medio de santa María Virgen ha visitado y redimido a su pueblo, oremos a Dios por las necesidades de todos los seres humanos:
(Respondemos a cada petición: Te rogamos que nos escuches).
Para que el Señor, que, por medio de la visita de María, arca de la nueva alianza, llevó la salvación a la casa de Isabel, conceda a la Iglesia llevar a Cristo a los que aún no lo conocen, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.
Para que el Todopoderoso, que hizo obras grandes en María, visite con su gracia a los que viven a oscuras y les haga descubrir los signos de su presencia en el mundo, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.
Para que el ejemplo de María nos haga más atentos a las necesidades de los demás y nos impulse a imitar su caridad para con los que necesitan una mano buena que los ayude, roguemos al Señor.
Te rogamos que nos escuches.
Celebrante:
Verbo eterno de Dios, que escogiste como habitáculo de tu presencia el seno virginal de santa María, escucha nuestra oración y concédenos imitar fielmente el ejemplo de caridad de tu Madre.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
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Señor, complácete en este sacrificio de salvación que te ofrecemos, como te has complacido en el gesto de amor de la Virgen María al visitar a su prima Isabel. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Maternidad de la santísima Virgen María
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la Visitación de santa María, siempre Virgen. Porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo y, sin perder la gloria de su virginidad, hizo brillar sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales, celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
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Me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo. (T. P. Aleluya.).
Beatam me dicent omnes generationes, quia fecit mihi magna qui potens est, et sanctum nomen eius
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Oración después de la Comunión
Oremos:
Que tu Iglesia te glorifique, Señor, por todas las maravillas que has hecho con tus hijos, y así como Juan Bautista exultó de alegría al presentir a Cristo en el seno de la Virgen, haz que tu Iglesia lo perciba siempre vivo en este sacramento.
Amén.
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