sab 6a. Ord. año Par antes Cuaresma (Id=154)

Primera Lectura

Ningún hombre ha podido domar la lengua

Lectura de la carta del apóstol Santiago
3, 1-10

Hermanos míos:

Sois demasiados los que pretendéis ser maestros,

y tened por cierto que nuestra sentencia será más severa.

Todos faltamos a menudo,

y si hay uno que no falte en el hablar,

es un hombre perfecto,

capaz de tener a raya a su persona entera.

A los caballos les ponemos el bocado para que nos obedezcan,

y así dirigimos a todo el animal;

fijaos también en los barcos:

por grandes que sean y por recio que sople el viento,

se gobiernan con un timón pequeñísimo

y siguen el rumbo que quiere el piloto.

Eso pasa con la lengua:

como miembro es pequeño,

pero puede alardear de muchas hazañas.

Mirad cómo una chispa de nada

prende fuego a tanta madera.

También la lengua es una chispa;

entre los miembros del cuerpo,

la lengua representa un mundo de iniquidad,

contamina a la persona entera,

pone al rojo el curso de la existencia

y sus llamas vienen del infierno.

Toda especie de fieras y pájaros,

de reptiles y bestias marinas,

se pueden domar

y han sido domadas por el hombre;

la lengua, en cambio, ningún hombre es capaz de domarla:

es dañina e inquieta,

cargada de veneno mortal;

con ella bendecimos al que es Señor y Padre;

con ella maldecimos a los hombres,

creados a semejanza de Dios;

de la misma boca salen bendiciones y maldiciones.

Eso no puede ser, hermanos míos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 11, 2-3.4-5.7-8

Tú nos guardarás, Señor.
Tu, Dómine, servávis nos.

Sálvanos, Señor, que ya no queda gente de bien, se ha perdido la lealtad entre los hombres. Se engañan unos a otros, hablan con labios aduladores y doblez de corazón.
Tú nos guardarás, Señor.
Tu, Dómine, servávis nos.

Que el Señor acabe con esos labios aduladores, con esas lenguas engreídas que dicen: "Triunfaremos con nuestra lengua, nuestros labios nos defenderán, quién nos dominará?"
Tú nos guardarás, Señor
Tu, Dómine, servávis nos.


Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata fundida limpia de tierra, siete veces refinada. Tú, Señor, nos protegerás, nos librarás para siempre de esta generación.
Tú nos guardarás, Señor.
Tu, Dómine, servávis nos.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Se abrió el cielo, y se oyo la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”
Cæli apértis sunt et vox Patris intónuit: «Hic est Fílius meus caríssimus; audíte illum».
Aleluya.

Evangelio

Se transfiguró delante de ellos

† Lectura del santo Evangelio según Marcos
9, 2-13

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos.

Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

–Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Estaban asustados y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que lo cubrió y salió una voz de la nube:

–Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Le preguntaron:

–¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías?

Les contestó él:

–Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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