vie 7a. Ord. año Par antes Cuaresma (Id=167)

Primera Lectura

Mirad que el juez ya está a la puerta

Lectura de la carta del apóstol Santiago
5, 9-12

No os quejéis, hermanos, unos de otros,

para no ser condenados.

Mirad que el juez está ya a la puerta.

Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento

y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Llamamos dichosos a los que tuvieron constancia.

Habéis oído ponderar la paciencia de Job

y conocéis el fin que le otorgó el Señor.

Porque el Señor es compasivo y misericordioso.

Pero ante todo, hermanos míos, no juréis

ni por el cielo ni por la tierra,

ni pronunciéis ningún otro juramento;

vuestro sí sea un sí y vuestro no un no,

para no exponeros a ser juzgados.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 102, 1-2.3-4.8-9.11-12

El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

El Señor es compasivo y misericordioso, paciente y lleno de amor; no está siempre acusando ni guarda rencor eternamente.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y cómo está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad: santifícanos en la verdad.
Sermo tuus, Dómine, véritas est; sanctífica nos in veritáte.
Aleluya.

Evangelio

Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
10, 1-12

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.

Se acercaron unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba:

–¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?

El les replicó:

–¿Qué os ha mandado Moisés?

Contestaron:

–Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.

Jesús les dijo:

–Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. El les dijo:

–Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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