Viernes 10ª Tiempo ordinario Año par (Id=401)

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a.11-16

En aquellos días, al llegar Elías al monte de Dios, al Horeb, se refugió en una gruta. El Señor le dijo:

–Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar.

Pasó antes del Señor un viento huracanado, que agrietaba los montes y rompía los peñascos: en el viento no estaba el Señor. Vino después un terremoto, y en el terremoto no estaba el Señor. Después vino un fuego, y en el fuego no estaba el Señor. Después se escuchó un susurro. Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la gruta. Una voz le preguntó:

–¿Qué te trae por aquí, Elías?

Contestó:

–Mi pasión por el Señor Dios de los Ejércitos. Porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a cuchillo a tus profetas. He quedado yo solo, y ahora me persiguen para matarme.

El Señor le dijo:

–Desanda el camino hasta el desierto de Damasco, y, cuando llegues, unge rey de Siria a Jazael, rey de Israel a Jehú hijo de Nimsí, y como profeta sucesor tuyo a Eliseo hijo de Safat, natural de Abel-Mejolá.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 26, 7-8a.8b-9abc.13-14

Tu rostro buscaré, Señor.
Fáciem tuam, Dómine, requíram

Escucha, Señor, mi clamor; ten piedad de mí, atiéndeme. Me dice el corazón: "Busca su rostro".
Tu rostro buscaré, Señor
.
Fáciem tuam, Dómine, requíram

Tu rostro, Señor, es lo que busco; no me ocultes tu rostro, no rechaces irritado a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me desampares.
Tu rostro buscaré, Señor
.
Fáciem tuam, Dómine, requíram

Espero gozar los bienes del Señor en la tierra de los vivos. Espera en el Señor, sé fuerte, ten ánimo, espera en el Señor.
Tu rostro buscaré, Señor
.
Fáciem tuam, Dómine, requíram

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Brlláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir.
Lucétis sicut luminária in mundo, verbum vitæ continéntes
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 27-32

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído el mandamiento “no cometerás adulterio”. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro, que ser echado entero en el Abismo. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro, que ir a parar entero al Abismo. Está mandado: “El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio”. Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer –excepto en caso de prostitución– la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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