Sábado 10ª Tiempo ordinario Año par (Id=403)

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 19-21

En aquellos días, Elías se marchó del monte y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, y él llevaba la última. Elías pasó a su lado y le echó encima su manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió:

–Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.

Elías contestó:

–Ve y vuelve, ¿quién te lo impide?

Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los mató, hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente. Luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a sus órdenes.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 15, 1-2a.5.7-8.9-10

Tú eres, Señor, el lote de mi heredad.
Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: "Tú eres mi dueño, mi único bien". Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad
.
Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ

Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche instruye mi conciencia. Tengo siempre presente al Señor: con él a mi derecha jamás fracasaré.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad
.
Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ

Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo; porque no me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad
.
Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
Inclína cor meum, Deus, in testimónia tua; et legem tuam largíre mihi
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 33-37

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos. «Sabéis que se mandó a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor”. Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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