Martes 11ª Tiempo ordinario Año par (Id=414)

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 17-29

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Elías el tesbita:

–Anda, baja al encuentro de Ajab de Israel, que vive en Samaría. Mira, está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión. Dile: Así dice el Señor: «¿Has asesinado, y encima robas?» Por eso, así dice el Señor: «En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, también a ti los perros te lamerán la sangre».

Ajab dijo a Elías:

–¡Con que me has sorprendido, enemigo mío!

Y Elías repuso:

–¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel. (También ha hablado el Señor contra Jezabel: Los perros la devorarán en el campo de Yezrael.) A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.

Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Señor reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de una manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas.

En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.

El Señor dirigió la palabra a Elías el tesbita:

–¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no le castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 50, 3-4.5-6a.11 y 16

Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére Dómine, quia peccávimus.

Ten piedad de mí, Dios mío, por tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad, limpia mi pecado.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére Dómine, quia peccávimus.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti, contra ti solo pequé; hice lo que tú detestas.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére Dómine, quia peccávimus.

Aparta tu vista de mis pecados, borra mis culpas. Líbrame de la muerte, Dios salvador mío, y mi lengua anunciará tu fidelidad.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére Dómine, quia peccávimus.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Un mandamiento nuevo os doy, dice el Señor, que os améis lo unos a otros, como yo os he amado.
Mandátum novum do vobis, dicit Dóminus, ut diligátis ínvicem, sicut diléxi vos
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 43-48

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestro hermano, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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