Jueves 12ª Tiempo ordinario Año impar (Id=435)
Lectura del libro del Génesis 16, 1-12, 15-16
Forma breve
Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una sierva egipcia llamada Hagar. Y Saray dijo a Abrán:
–El Señor no me deja tener hijos, llégate a mi sierva a ver si por ella tengo hijos.
A los diez años de habitar Abrán en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Hagar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán su marido como esposa. El se llegó a Hagar y ella concibió. Y al verse encinta le perdió el respeto a su señora. Entonces Saray dijo a Abrán:
–Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella al verse encinta me desprecia. El Señor juzgue entre nosotros dos.
Abrán dijo a Saray:
–En tu poder está tu esclava, trátala como te parezca.
Saray la maltrató y ella se escapó.
El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo:
–Hagar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?
Ella respondió:
El ángel del Señor le dijo:
–Vuelve a tu señora y sométete a su poder.
Y el ángel del Señor añadió:
–Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar.
Y el ángel del Señor concluyó:
–Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción. Será un potro salvaje: su mano irá contra todos y la de todos contra él; vivirá separado de sus hermanos.
Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó al hijo que le había dado Hagar, Ismael. Abrán tenía ochenta y seis años cuando Hagar le engendró a Ismael
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Forma breve
Lectura del libro del Génesis 16, 6b-12. 15-16
En aquellos días, Saray maltrató a Hagar y ella se escapó. El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino del sur, y le dijo:
–Hagar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?
Ella respondió:
–Vengo huyendo de mi señora.
El ángel del Señor le dijo:
–Vuelve a tu señora y sométete a su poder.
Y el ángel del Señor añadió:
–Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar.
Y el ángel del Señor concluyó:
–Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción. Será un potro salvaje: su mano irá contra todos y la de todos contra él; vivirá separado de sus hermanos.
Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó al hijo que le había dado Hagar, Ismael.
Abrán tenía ochenta y seis años cuando Hagar le engendró a Ismael.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 105
Dad gracias al Señor, porque es bueno.
Confitémini Dómino, quóniam bonus.
Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas del Señor y alabarlo como él merece?
Dad gracias al Señor, porque es bueno.
Confitémini Dómino, quóniam bonus.
Dichosos los que cumplen la ley y obran siempre conforme a la justicia. Por el amor que tienes a tu pueblo, acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos.
Dad gracias al Señor, porque es bueno.
Confitémini Dómino, quóniam bonus.
Sálvanos, Señor, para que veamos la dicha de tus escogidos y nos alegremos y nos gloriemos junto con el pueblo que te pertenece.
Dad gracias al Señor, porque es bueno.
Confitémini Dómino, quóniam bonus.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra, y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
Si quis dilíget me, sermónem meum servábit, dicit Dóminus; et Pater meus díliget eum, et ad eum veniémus.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 7, 21-29
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la, voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente». Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los letrados.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.