Viernes 12ª Tiempo ordinario Año par (Id=436)

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 25, 1-12

El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor. La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto. El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población. Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa. El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo. Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó. A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecías lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia. El día primero del quinto mes (que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia) llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia. Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios. El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe. De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 136

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Adhæreat lingua mea fáucibus meis, si non memínero tui.

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar de nostalgia; de los sauces que estaban en la orilla colgamos nuestras arpas.
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti
.
Adhæreat lingua mea fáucibus meis, si non memínero tui.

Aquellos que cautivos nos tenían pidieron que cantáramos. Decían los opresores: "Algún cantar de Sión, alegres cantemos".
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti
.
Adhæreat lingua mea fáucibus meis, si non memínero tui.

Pero, ¿ cómo podíamos cantar un himno al Señor en tierra extraña? ¡Que la mano derecha se me seque, si de ti, Jerusalén, yo me olvidara!
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti
.
Adhæreat lingua mea fáucibus meis, si non memínero tui.

¡Que se me pegue al paladar la lengua, Jerusalén, si no te recordara, o si fuera de ti alguna otra alegría yo buscara!
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti
.
Adhæreat lingua mea fáucibus meis, si non memínero tui.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.
Ipse infirmitátes nostras accépit, et ægrotatiónes nostras portávit.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 1-4

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo:

–Señor, si quieres, puedes limpiarme.

Extendió la mano y lo tocó diciendo:

–¡Quiero, queda limpio!

Y enseguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo:

–No se lo digas a nadie, pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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