Lectura del libro del profeta Amós
Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto. A vosotros solos os escogí, entre todas las familias de la tierra; por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados. ¿Caminan juntos dos que no se conocen? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa? ¿Alza su voz el cachorro en la guarida sin haber cazado? ¿Cae el pájaro por tierra si no hay una trampa? ¿Se alza del suelo el lazo sin haber hecho presa? ¿Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede en la ciudad una desgracia que no la mande el Señor? Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos los profetas. Ruge el león, ¿quién no teme? Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Os envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y fuisteis como tizón salvado del incendio, pero no os convertisteis a mí –oráculo del Señor–. Por eso así te voy a tratar, Israel, y porque así te voy a tratar, prepárate a encararte con tu Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 5, 5-6.7.8
Señor, guíame con tu justicia.
Domine, deduc me in iustitia tua
Tu no eres Dios que ame la maldad; el malvado no encuentra refugio junto a ti, ni el necio resiste tu mirada. Tú odias la los que hacen el mal.
Señor, guíame con tu justicia.
Domine, deduc me in iustitia tua
Haces perecer a los mentirosos, al hombre sanguinario y traicionero lo detesta el Señor.
Señor, guíame con tu justicia.
Domine, deduc me in iustitia tua
Pero yo, por tu gran amor, entraré en tu casa; me postraré en tu santo templo con toda reverencia, Señor.
Señor, guíame con tu justicia.
Domine, deduc me in iustitia tua
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Confío en el Señor; mi alma espera y confía en su palabra.
Spero in Dominum, spero in verbum eius.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto se levantó un temporal tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron gritándole:
–¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!
–¡Cobardes! ¡Qué poca fe!
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados:
–¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.